Cuando el río suena

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Foto: Internet

Hace algunos días viví una inusual experiencia que me produjo honda tristeza y pesar, pues me enfrasqué inútilmente en convencer a personas muy cercanas a mí sobre el error de un refrán mencionado por ellos.

El adagio en cuestión era “Cuando el río suena es porque piedras trae”, pero lamentablemente ellos repetían “Cuando el río suena es porque agua trae”, sin percatarse de la redundancia implícita, porque el agua es inherente al afluente y ninguna cualidad nueva le atribuye. 

Sin embargo, cuando traté de explicarles el empleo de este proverbio en situaciones donde corren rumores, y en las cuales se dice que si algo se comenta puede tener una gran dosis de veracidad, desoyeron mis argumentos y provocaron en mí la decisión de reflexionar sobre algunos axiomas y expresiones mal empleadas.

Entonces vino a mi mente la locución dar al traste, la cual es empleada en muchos casos de manera incorrecta, pues aunque significa arruinar o echar abajo algo, se usa frecuentemente como si tuviera una acepción diametralmente opuesta, dándole erróneamente un significado cercano a conllevar o traer consigo

En personas con gran nivel de escolaridad y en algunos directivos he escuchado decir: “Esta iniciativa o solución de un problema dará al traste con mayor producción. Desconociendo que lo realmente expresado es que la iniciativa arruinará una mayor producción.

Otra máxima ampliamente difundida y tergiversada es “Nunca es tarde si la dicha es buena”, la cual está mal enunciada y solo pocos reparan en que la palabra dicha es sinónimo de felicidad y por ello no hay dicha mala, pues esta siempre es bien recibida y constituye una redundancia asociarla con lo bueno.

En favor a la lógica y al óptimo empleo de las frases lo correcto es decir “Nunca es tarde si la dicha llega”, porque en el momento de su aparición siempre tiene una cálida acogida.

Por eso espero que aunque un poco tarde, esta reflexión pueda ayudar a volver la vista sobre las expresiones y refranes, y tener la dicha de motivar una búsqueda del camino correcto y del buen uso de los axiomas, para eliminar las tergiversaciones y así extraer cabalmente el contenido moralizador y educativo de los adagios.

El objetivo no es echarle en cara a las personas el mal uso de frases, sino incitarlas a cuestionarse si las mismas están bien formuladas, para no irlas repitiendo con errores y conserven intacto el mensaje formador y didáctico con el que fueron creadas.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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