Circuba y la nostalgia de los circos ambulantes

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Más de 200 años acompañan hoy en Cuba  a la palabra Circo, todo un sueño de colores, risas y hasta olores.

Y aunque no perdió su esencia mágica, asombrosa y hasta fantástica, desde 1793  en que se reporta la existencia de sujetos dedicados a maromas, payasos y titiriteros en casonas de adinerados y plazas públicas durante los festejos del Corpus Christi, ese entramado de madera, cuerdas y lona, muchas veces raída, ya en nuestros días ha cambiado mucho.

A finales del siglo 19 actuaba en la capital de la isla, el Circo París, alguna vez con la presencia del  afamado mago Nevali a la vez que surge un apellido que permanece en la memoria de los cubanos : Los Montalvo, que asentaron toda una práctica circense de hondas raíces en nuestra cultura popular.

Según refieren las historias, el auge del circo en el archipiélago cubano se produce en la primera mitad del siglo XX, con la visita a la Habana del circo Pubillones en 1915, cuya actuación fue en el Payret , mientras en el Teatro Nacional del Centro Gallego, se presentaba un espectáculo de hombres y fieras con el llamado Santos y Artigas, nombre que permanece también en el recuerdo de la isla.

Circos de cierta categoría y prestancia que recorrían las principales ciudades cubanas.

Sin embargo, también queda en la añoranza de los más, de los que no vivíamos en las grandes ciudades, sino en pueblitos de campo, caseríos o bateyes azucareros, la llegada de ese regalo inesperado, de esos carromatos destartalados que entraban por la calle polvorienta con música, estridencia y colores, como un ciclón imprevisto que cambiaba por unos días la monotonía pueblerina.

Traían toda suerte de encantos, embrujos, magias y sortilegios, trajes de luces que brillaban en lo alto del trapecio, sin ninguna protección para sus vidas, escondiendo quizás algún zurcido amañado, sonrisas que disimulaban el hambre de muchos días y el cansancio arrastrado por caminos imposibles.

Venían siempre con los mismos leones, viejos, fatigados, sin apenas colmillos y que ni prestaban atención al domador, con el olor inconfundible de fiera enjaulada, pero ahí estaban, a la hora exacta, dispuestos a divertirnos y a ganar honradamente su sustento, que por aquellos días resultaba casi inalcanzable.

Por fuera de la carpa con tufo de sudores antiguos, se agrupaban las ventas de caramelos, fritangas, dulces de coco, panetelas borrachas, empanadillas de maíz y yuca haciendo una mezcla de olores increíbles que acompañaban mucho tiempo después y de por vida el recuerdo de aquellos circos ambulantes.

Con toda una historia en Cuba la trashumante expresión cultural, tomó nuevos rumbos a partir de 1959 cuando la joven Revolución coadyuvó al desarrollo del Circo Nacional INIT y toda la actividad circense se integró al Consolidado de Centros y Atracciones Turísticas, con su carpa azul de cuatro mástiles y excelentes condiciones de vida para los artistas, que contaron además para ellos y futuras generaciones con una Escuela Nacional de Circo.

Después vinieron los festivales: INTERCIRCO, por principales puntos, y CIRCUBA a partir de 1981, premios internacionales a la actuación de los cubanos y la continuidad de una tradición cultural, ahora con otros aires más modernos.

Cada verano, el Circo Nacional de Cuba lleva sus funciones a la mayoría de las provincias del país. En este 2017 se extenderá  hasta el 11 de septiembre en su temporada  16  con la participación de Artistas de 5 países.

Sus espectáculos son fabulosos, llenos de alegría, calidad y buen gusto, tal y como merecen los cubanos. Sin embargo, sus funciones alcanzan sólo a las capitales de provincias, olvidando tal vez a los municipios más alejados, los bateyes de centrales y a esos pueblitos donde aún hoy algunos añoran aquellos circos ambulantes que entraban como ciclones imprevistos y llenaban el imaginario popular con toda suerte de encantos, embrujos, magias y sortilegios.

Gloria Guerrero Pereda

Realizadora y periodista de CNC TV Granma. Premio provincial por la Obra de la Vida Rubén Castillo Ramos.

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