Clodomira y Lydia, torturadas en La Habana no perdieron el valor de mujer cubana

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Tomada de Bohemia.

El 17 de septiembre de 1958 los cuerpos de dos mujeres son sumergidos hasta el fondo de las aguas del litoral habanero por un grupo de torturadores al mando del teniente Julio Laurent, hecho que las inmortalizará para el pueblo de Cuba: Lydia Doce y Clodomira Acosta, mensajeras del Ejército Rebelde que han sido torturadas en La Habana por los peores sicarios de la dictadura de Batista.

Clodomira y Lydia fueron golpeadas salvajemente, por varios días desde la noche del 11 de septiembre, en que fueron capturadas en una casa del reparto Juanelo, donde se resguardaban junto a cuatro combatientes que fueron acribillados a balazos frente a ellas, mientras se enfrentaron con las uñas a los asesinos de los muchachos entre 20 y 23 años.

Ni los golpes en la cabeza que la hicieron perder el conocimiento y botar los ojos de sus órbitas hicieron que Lydia delatara a sus compañeros, ni la boca sangrante, hinchada y sin forma y los muchos golpes por todo el cuerpo, provocaron que Clodomira hiciera alusión a ni un solo lugar, nombre o hecho comprometedor.

Clodomira nació en Cayayal, un caserío en Sierra Maestra perteneciente al hoy municipio de Bartolomé Masó Márquez. Una sencilla tarja recuerda el suceso, y una escuela primaria multígrado lleva el nombre de la heroína que hubiese cumplido en febrero último 81 años.

Bien trigueña y espigada, menuda, como los de la familia Ferrales que aún abundan en la zona natal, Clodomira comprendió desde bien temprano que mujer campesina era un dueto de palabras sin futuro en los gobiernos republicanos. Decidió entonces unirse al ejército rebelde en 1957.

En pocos meses se convirtió en la mensajera de confianza de Fidel, luego trabajó a las órdenes del Che y en septiembre de 1958 viaja a La Habana para enlazar las tropas del jefe argentino-cubano con las fuerzas del movimiento 26 de julio que operan en la capital del país.

En La Habana ya está Lydia, una mujer madura pero infalible en las montañas como eficaz enlace entre las tropas rebeldes y el llano. Juntas se refugian en un apartamento donde se esconden cuatro revolucionarios que acaban de ajusticiar a uno de los más peligrosos colaboradores de las fuerzas policiales.

La represión no tiene paciencia. Decenas de líderes son apresados, uno con piernas flojas da las coordenadas de los osados ajusticiadores y sobre ellos se lanzan las hordas sedientas de sangre y juventud. Las mensajeras defienden con las uñas a los muchachos pero ellas mismas son arrastradas por aceras y la calle hasta los vehículos del infierno.

El tristemente célebre teniente coronel Esteban Ventura Novo las lleva a la oncena estación de la policía, donde son golpeadas hasta desfigurarle el rostro pero ni pueden bajarle un ápice de dignidad. De ahí a la novena hasta que Laurent, el más salvaje de todos las pide ¨prestadas¨.

El mar nunca dio señas del lecho definitivo, ni rastro quedó de Clodomira junto a su inseparable compañera Lydia. En Cayayal, en una zona intrincada de la provincia de Granma, se respira la rudeza de la vida en medio de un hermoso paisaje de montaña, allí donde la joven campesina acendró el valor al que le puso nombre.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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