Una mujer que alcanzó las estrellas

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Foto: Lizet Márquez

Es un acto de justicia repartida para la mujer, el monumento a Rosa la Bayamesa, único en Cuba de una hembra ecuestre, moldeado en bronce, como su energía.

 

Rosa Castellano vio la luz de la vida en Bayamo, en 1830, acometió con rigor, el andar del tiempo de la segregación, por mujer, negra y esclava. Para ella, no hubo asentamiento, ni conformidad, su estirpe le fraguó el espíritu, estalló rompiendo eslabones de las cadenas que le asignó su tiempo.

Firmeza y valor anidaron en el temple de Rosa, para bregar por la independencia en la manigua redentora de la zona del Datil.

Los huracanados vientos de la lucha del 68, no inclinaron su estirpe, se traslada a Camaguey, comparte su vida con un antiguo esclavo, allí erguida, le llega el clarín de la gesta del 95, con sabiduría natural curó enfermos, fundó un hospital en Najasa y se gana el epíteto de Rosa la bayamesa.

Con su fértil andar, cubría turnos en las filas de combate, cargaba armas, disparaba y manejaba el machete con destreza.

Ella no esperó, que bajaran las estrellas para las mujeres, las salió a conquistar en el día a día, el abrazo del general Máximo Gómez al otorgarle los grados de capitana, la coronó como única mujer que llegó a ostentarlos en toda la epopeya.

Este 25 de septiembre cuando se cumple los 110 años, de la muerte de La capitana Rosa La Bayamesa no hay gloria pasada, sino renovada por miles de mujeres alcanzando estrellas.

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