A la meta se llega con una sonrisa

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Foto: Rafael Martínez Arias

 “Los años no pasan por gusto”, escuchamos decir a nuestros padres desde la infancia. En cada cumpleaños alguien se encarga de alertarnos “te estás poniendo viejo”… Y llegar a los “ta”, sobre todo para las mujeres, es un gran motivo de aflicción.

 La juventud, ese divino tesoro, cada vez se vuelve más borrosa, quedan las fotos de aquellos buenos tiempos, los recuerdos y la nostalgia de nuestros mejores años. Una vez escuché, no recuerdo a quién ni en dónde, que cuando el pasado comienza a ser mejor que el presente… ¡Sorpresa! te estás poniendo viejo.

 La vida pasa entre alegrías, penas, algunos tropezones, y un día notamos que los pies se volvieron más pesados, todo el cuerpo duele, los achaques se incrementan, y las ilusiones, como si nos dieran al nacer una sola cuota, se acaban. ¿Las razones? Las desconozco, será que la vida cansa.

 Sin embargo, cumplir 60 años, tener nietos y experiencia acumulada, es un privilegio, que crece para quienes logran integrar el grupo de los “viejos viejos”, es decir “conjunto de personas de 75 años y más”.

 Según el libro Envejecimiento poblacional en Cuba, ese proceso debe verse como un logro del desarrollo social, porque demuestra una disminución de la mortalidad infantil y un alargamiento de la sobrevivencia, aunque también es significativo el bajo nivel de fecundidad en el país.

 Llegar a la meta, esa edad en que según datos estadísticos ofrecidos por el censo de población y vivienda del año 2012, existen más mujeres que hombres, genera cambios en cualquier familia.

 Se complejizan las relaciones intrafamiliares e inter generacionales, porque la música alta molesta, mi abuela nunca entiende lo que se le dice y hay que explicarle cada dos minutos la trama de la novela.

 Pero, sin tener un doctorado en temáticas de adulto mayor, cualquiera sabe que ellos son quienes mayores experiencias pueden aportar a la sociedad por todo el conocimiento adquirido durante su vida laboral, aunque no sepan trabajar con un tablet.

 Al igual que todos los miembros de la familia, los abuelos necesitan espacio, privacidad, cariño, y tantas atenciones como un niño, al fin y al cabo si ellos nos mimaron y nos dieron la seguridad de un hogar, por mera cuestión de gratitud debemos ofrecerles lo mismo.

 Los ancianos no son cargas, deben ser protagonistas de su entorno en la medida en que su salud se los permita, deben tener opciones para su desempeño diario y espacios de recreación, acordes con sus gustos y necesidades.

 Eliminar los prejuicios sobre la tercera edad, ver las oportunidades que brinda el envejecimiento y dejar de creer que con las arrugas llega el fin inmediato de la vida, no es tan complicado.

 Para ser viejitos felices, debemos promover también comportamientos saludables desde la infancia, si ya sabemos que el azúcar en grandes cantidades puede desencadenar una diabetes, ¿qué esperamos para reducir su consumo?

 Al país le corresponde crear programas que a diferentes plazos resulten integradores, viables y sustentables, como lo contempla la Política económica y social del Partido Comunista de Cuba.

 Pero si mañana, con un poco de suerte, seremos nosotros los viejos, es nuestra responsabilidad crear el futuro que queremos y para eso el primer paso, es entender y darles una mejor vida a quienes hoy disfrutan de ese privilegio.

Maité Rizo Cedeño

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Holguín (2016). Actual corresponsal de la Agencia Cubana de Noticias en la provincia Granma. Colaboradora de nuestro sitio web.

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