Viaje por la fonda cubana en Bayamo

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Una de las fondas que mayor número de clientes atrae es la del complejo La Plaza. / Foto: Argelio Pompa

Comienza bien temprano el ajetreo de la cocina, no son cantidades domésticas ni las vasijas alcanzan para la demanda creciente, tampoco hay otras comodidades necesarias para trabajar, pero hay el imperativo de cumplir con la tarea y el esfuerzo hace su mejor obra en cada una de las empleadas de la cafetería El Caribe de Bayamo, con funciones de fonda.

Desde los días en que Irma sembró incertidumbre y los granmenses le respondieron con ideas para salirle al paso a cada dificultad, para coartar cada vacío, cada desprotección que pretendió uno de los huracanes más bravos que visitara la isla, surgieron al calor, más bien al agua, la iniciativa de las fondas, sitios cuyo objetivo es elaborar y vender comida en barrios y comunidades.

Más de un mes lleva la experiencia diseminada por las ciudades y los campos de toda la provincia, algunos locales cambiaron su valor de uso, como la otrora placita ubicada en la céntrica calle Juan Clemente Zenea entre José Antonio Saco y Cacique Guamá, otras entidades del sector incorporan el servicio, a pesar de estrecheces e incomodidades.

Entre los establecimientos que ampliaron el diapasón de servicios gastronómicos se encuentra El Caribe, que oferta, junto a sus ya acostumbrados perros calientes y derivados de embutidos, platos a base de huevos, croquetas, hamburguesas, bistec de cerdo, que acompañan a potajes de frijoles (colorados, negros o chícharos) y arroces desde el menos exigente natural al blanco, hasta las combinaciones según las leguminosas y amarillo con “sorpresas” o ” suerte”, como se dice en buen cubano.

Xiomara, Adriana, ” y el resto de las muchachitas del turno” se muestran contentas porque saben el beneficio que producen al pueblo, al servir comida calientica y bien hecha en el horario del almuerzo que comienza a las once y media de la mañana y se extiende hasta las cuatro de la tarde.

Más de cien raciones se venden a diario, y hay días que hasta 120 ha sido el límite. Tienen su clientela fija, me dicen, los vecinos del entorno, pero también transeúntes y trabajadores de los alrededores que encuentran en la oferta una salvación para el horario estelar de la alimentación.

Susana Martínez Aguilar se acerca por primera vez con una cacharra, ella trabaja en la dirección municipal de educación, bien cerca de El Caribe, hoy no le dio tiempo a cocinar el almuerzo en casa, vive en el reparto Rosa la Bayamesa, muy lejos para ir y venir al medio día.

Considera que esta idea es muy buena, conoce de los beneficios porque sus compañeros si son asiduos visitantes. Opina que deben mejorar las condiciones de trabajo para las elaboradoras, se ve que hacen muchas actividades y les falta comodidad, una meseta amplia y agua corriente.

Ancianos sobretodo atienden a diario, me explican, observo algunos y le pregunto por la calidad de la comida, a mi derecha un abuelo no puede responder, emite sonidos guturales y gestos elocuentes: se siente satisfecho con el arroz con frijoles negros, bien cubanísimo que degusta.

Una de las muchachas me cuenta que este anciano frecuenta la fonda, que tiene problemas, pero ya se han adaptado a él y logran entenderlo. El abuelo pide agua, también una anciana a mi izquierda manifiesta sed. Suministrar agua potable es un problema porque la de la cisterna de la unidad no está apta para el consumo.

En eso entra Xiomara con un cubo llenito del líquido vital, cedido en el vecino Bufete de servicios jurídicos. Vierte la mitad en el fregadero y la otra mitad en el cubo donde enfrían el agua a base de hielo, en ausencia de un dispensador de agua fría o nevera, necesario para contemplar el buen servicio.

Concebidas las fondas para elaborar alimentos que han de consumirse en casa, la vida demuestra que es más rica que las propias ideas. Muchos clientes necesitan comer allí sus alimentos y para esto carecen de vasijas, en cambio nadie se va hambriento.

Lo compruebo yo misma, aparece un plato de loza y una reluciente cuchara, alternativa individual de cada una de las empleadas para complacer a la clientela con recursos personales, me sirven un potaje de chícharos, el arroz se agotó de momento y ya humea en la olla la segunda tanda.

Unas croquetas acompañan al guiso, se ve y huele bien y estos son los primeros indicadores para sentirse complacido con los alimentos. Pienso en un elogio, que claro está, va junto a sugerencias, no en la elaboración, sino dirigidas a los decisores a los que pueden dotar a El Caribe y otros lugares de más recursos para facilitar el trabajo a las gastronómicas y prestar mejor servicio al pueblo. Bienestar que es punto de partida, esencia, motivo de cuanto se hace en esta sociedad.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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