Al encuentro del Che en Comandancia rebelde

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Por primer vez rumbo a La Mesa, intrincado paraje de la Sierra Maestra, donde radicó la Comandancia de Ernesto Che Guevara durante más de siete meses, a partir del ocho de diciembre de 1957.

Georgina, una guajira del municipio de Buey Arriba, a quien llaman Lalá, nos dice: “eso está lejos cantidad, pero seguro que será una experiencia bonita”, y se marcha hacia su casa en el barrio Las Guásimas.

Junto a nosotros va Hipólito Torres Guerra, conocido también como el Capitán Descalzo o simplemente Polo, hombre de confianza del Che durante aquellos días de tiros, sangre, muertes, valor y sueños.

Salimos a pie desde el lugar conocido como Barrio Nuevo. Polo no acepta montarse en un mulo, porque él siempre ha ido paso a paso, con su ritmo de guajiro acostumbrado a las lomas, quien ha subido más de 200 veces el Pico Turquino, al encuentro del busto del Apóstol, en lo más alto del país, a mil 1974 metros sobre el nivel del mar.

Tratamos de ir muy cerca de él, pues sus palabras son fuentes de conocimientos, su vida una clase larga y emocionante, un libro con páginas de heroísmo, ayuda, anhelos y alegría. Escuchamos el ladrido de un perro jíbaro, y él sonríe, expresa una broma y continúa.

En el grupo van estudiantes universitarios, dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y el Partido Comunista de Cuba, campesinos, amigos y familiares de Polo, incluida una hija, tres nietos y un bisnieto, todos con mucha luz en los ojos por la emoción.

Cerca de la escuela nos reciben otros muchachos de diferentes municipios de Granma, con una guitarra, versos y entusiasmo. Poco a poco, surgen anécdotas, chistes, amistades y conversaciones sobre el simbolismo del sitio.

A la conversación se suman Osiris y Manolo, dos trabajadores del lugar, quienes nos cuentan de los senderos, las construcciones actuales y sus deseos de que este Altar Sagrado de la Patria sea siempre luz en todos los aspectos.

Buscan un libro sobre el Che, una especie de tesoro especialmente para Manolo, y nos enseñan fotos de antes, incluida una del joven Polo con un cuchillo enorme. Entre sonrisas y mucho aprendizaje, transcurre la noche.

Cierro los ojos, y veo aquellos barbudos repletos de coraje, a veces chistosos entre ellos, capaces de poner en peligro sus vidas por el anhelo de lograr una mejor nación.

Gracias al diálogo reciente, mi mente, cual rollo de cine en blanco y negro, pasa imágenes de Ernesto Guevara en este lugar, él traza estrategias, da órdenes, camina con agilidad, se baña en el río, exactamente en el lugar conocido como La Poza del Che, visita la escuela, lee El Cubano Libre… y trasmite siempre confianza.

Lo observo también en el hospital, donde en ocasiones ejerció como médico, al igual que lo hicieron Sergio del Valle Jiménez, José Ramón Machado Ventura, Julio Martínez Páez y otros, quienes atendían a combatientes y campesinos de la zona.

Por las mareas de mis venas circula un orgullo enorme por ser hijo de aquello. En la mañana, salgo de la escuelita y me voy al río, a la posa, a la casa de Polo, a donde estuvo la cárcel…, quiero verlo todo, sentir más, preguntar por los detalles.

Converso con otros jóvenes, como el profesor Adel Alexander Bárzaga, Yudriel Díaz Escalona, Miembro del Buró Provincial de la UJC en Granma, y los estudiantes Roxana Anaya Morales y Roberto Castro Rodríguez, quienes cursan Español – Literatura en la sede pedagógica Blas Roca Calderío, radicada en la ciudad de Manzanillo.

Todos hablan con emoción y con mucha luz en sus palabras y las miradas.

Los sitios históricos y nuestros héroes son como manantiales, de los cuales debemos beber eternamente. En algunos lugares la vibra de cubano, el coraje y decisión de luchar por los sueños colectivos palpitan con mayor fuerza. Parte del corazón de la Patria estará siempre en la Sierra Maestra.

Muchos hablamos en grupo otra vez. Varios se quedan unos días más, y otros debemos salir. Subimos poco a poco, y a lo lejos se sigue escuchando la música de una guitarra, los versos de algunos jóvenes, la risa de Polo junto a ellos… En ocasiones me detengo, y miro hacia atrás. Sé que volveré, tal vez junto a familiares y más amigos.

 

Yasel Toledo Garnache

Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Miembro del ejecutivo de la UPEC en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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