Más de doscientos años de la apertura del primer cementerio cubano a campo abierto

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Foto tomada de internet.

Este cinco de enero se cumplen 220 años de la apertura del primer cementerio cubano construido fuera de los pueblos. El de San Juan Evangelista, en Bayamo, del que se conservan restos arquitectónicos de la torre de la iglesia a la que estuvo anexado el camposanto y que sirviera de pórtico luego de la quema patriótica del doce de enero de 1869.

Este cinco de enero las ruinas de la Iglesia Auxiliar de San Juan Evangelista, en Bayamo,  pueden hablarnos de más de dos siglos de historia arquitectónica, religiosa y social de la segunda villa fundada por los colonizadores españoles en 153.

En esta fecha, hace ya 220 años con relativa exactitud, fue abierto el primer cementerio construido fuera de los poblados en la isla. Precisamente en Bayamo, ciudad de tantas primeras veces en la Historia de Cuba.

Justo aledaño a la Iglesia Auxiliar de San Juan Evangelista quedó listo el camposanto. Noticia opacada a través de los siglos por la apertura de su homólogo el Cementerio de Espada, aunque numerosos documentos atestiguan el error, el de Bayamo fue el primero y no el de la capital del país.

De España trajeron los colonizadores la  costumbre de enterrar a los  difuntos  dentro de las iglesias y conventos, práctica algo incómoda pues las construcciones iniciales fueron estrechas con paredes de yagua y luego  de tabla de palma y cobija de guano, elementos abundantes en la región.

Al evolucionar la arquitectura en el archipiélago y comenzar en el siglo XVIII la edificación de palacetes, templos, iglesias y edificios de uso político y  social, los muros de aquellos templos religiosos se engrosaron con bloques de canto, paredes de adobe reforzados y mampostería, lo que permitía hacer de mayor espacio tanto vertical como horizontal los sitios religiosos y dejar lugar para enterramientos.

Las sepulturas extramuros se produjeron desde el siglo XVII, pero solo para los miembros de las clases media o baja de la sociedad, y los negros. El gobierno español negaba la ayuda a los gobiernos locales para las construcciones sanitarias y el dar una ubicación definitiva a los difuntos era un problema.

En la segunda villa de Cuba se enterraban sus hijos más ilustres en la parroquia principal, en los conventos de San Francisco y Santo Domingo, en las parroquias de Nuestra Señora de la Luz y en la San Juan Evangelista declarada esta última en 1702 como parroquia auxiliar, construida desde los años fundacionales de la villa.   Resultando estos sitios escasos con el incremento de la población y en época de epidemias, algo frecuente en esos años.

Los templos se inundaban de hedores y se hacía imposible caminar  dentro de ellos sin hacerlo encima de tumbas, y al desatarse el cólera o las fiebres epidémicas apenas se encontraba lugar para el descanso eterno, dificultando el oficio religioso de curas y la salud de este y los feligreses.

El Obispo de Cuba Doctor Joaquín de Oces y Azúa  en cumplimiento de la Real Orden del 27 de marzo de 1797 y el Real Despacho del 6 de noviembre de 1798 que autorizan la construcción de necrópolis a campo abierto, dispone la ejecución en la isla de estas órdenes reales.

En Bayamo, Doctor José Antonio Dimas Cuevas y Oduardo, Vicario de la villa,  será el primero en cumplir la Real Orden al notificar el 8 de febrero de 1798 que  Bayamo se concluyeron las obras del cementerio de la Iglesia auxiliar de San Juan Evangelista.

Ubicado a la salida Este del pueblo, el camposanto inaugura el cinco de enero de 1798 y fue bendecido según el ritual romano. Pasto de las llamas de la quema patriótica de Bayamo del doce de enero de 1869, de San Juan Evangelista solo quedó su torre, que será empleada en lo adelante como pórtico de la necrópolis y es la que conocemos las generaciones actuales en la encrucijada de las calles José Martí y Amado Estévez.

El segundo cementerio a cielo abierto cubano entonces será el que hasta ahora se reconoce como el primero. Por iniciativa del obispo Juan José Díaz de Espada y Landa, el Cementerio de Espada fue abierto el dos de febrero de 1806 en La Habana, ocho años después que en la ciudad antorcha.

El cementerio de San Juan, dio nombre a uno de los barrios más antiguos de la Ciudad Monumento, y  fue demolido en los primeros años de la década de 1940 para ampliar las calles José Martí y Capotico. En la década de 1950,  se erige allí un monumento a numerosos patriotas de las guerras de independencia y una estatua majestuosa de Francisco Vicente Aguilera,  trasciende el conjunto escultórico con el nombre de Retablo de los Héroes.

 

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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