Bayamo, discursos y camino a la libertad

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El doce de enero de 1956 fue inaugurada en Bayamo la estatua en bronce y mármol de Perucho Figueredo ubicada en la Plaza de la Revolución de Bayamo, con la letra y música de La Bayamesa, marcha  compuesta en agosto de 1867 devenida Himno Nacional.

Lo curioso es que el inaugurador, señor Anselmo Alliegro, Presidente del Senado de la República de Cuba, dijo un discurso por encargo del entonces  Presidente de la isla, el dictador Fulgencio Batista y Zaldívar.

Contenidas en un folleto publicado a posteriori,  las palabras que hoy podemos leer en el Archivo Histórico ¨José Carbonell Alard¨, nos dejan un sabor a incongruencia histórica.

Reverencian los políticos a los padres fundadores reconocen el esfuerzo de estos ¨para que la patria surgiera libre, independiente y soberana, en el concierto de la comunidad jurídica internacional¨,  llamando  a Bayamo ¨Crisol de la libertad¨, donde despunta la valentía de Carlos Manuel de Céspedes en el amanecer de Demajagua y aludiendo a la libertad y la independencia como estatus necesarios.

Pletórico de adjetivos y frases edulcoradas,  en el discurso se compara a Perucho con un astro, resaltando el valor  y el ejemplo del patriota en la hora decisiva. Se deshace en  alabanzas, y sustenta en la narración biográfica del patricio bayamés donde aparece el poder español como subyugante de la libertad de Cuba.

Sin embargo Alliegro habla y parece no sentir lo que ha dicho, al representar con sus palabras a un hombre que preside el destino de Cuba en un segundo mandato anticonstitucional, producto de un golpe de estado propinado más que al aparato político, al pueblo mismo del que nunca sería candidato.

De marzo de1952 a enero de 1956, Batista acumuló más asesinatos, chantajes, desapariciones y represiones a sindicatos y manifestaciones que los gobernantes que le antecedieron en la primera mitad del siglo republicano en Cuba. Téngase en cuenta que desde la caída de Machado, Batista viene al frente del Ejército y ensaya la represión y la violencia  como arma política.

Fulgencio  es taimado y oportunista, capaz de suplantar su propia identidad o usar la de su conveniencia para sus propósitos., ¿por qué no lo hizo entonces mandando a decir un discurso en una ciudad del interior como Bayamo?

El uniforme militar del Presidente que llega de forma expedita a Mayor General, está manchado de sangre revolucionaria de toda Cuba, quizá por esa razón no aparece en la Cuna de la Nacionalidad aquel doce de enero de 1956, no es prudente.

Es Oriente, la zona de la isla más caliente, y no solo por la temperatura climática sino por los sucesos allí acaecidos en los últimos años. El 26 de julio de 1953, más de un centenar de jóvenes se atrevieron a atacar una de las mayores fortalezas militares del país ubicada en Santiago de Cuba y como estrategia también la sede de la pequeña guarnición de Bayamo. Dos ciudades donde incansablemente el presidente repetía todo estaba en calma.

Y calma significa ningún movimiento social ni político en contra del gobierno que ha convertido a la isla en un gigante hotel para millonarios norteamericanos, con salones de juegos y mujeres para satisfacer apetitos carnales, y mucha droga y negocios jugosos e ilícitos. Un verdadero paraíso para la mafia continental del que el Presidente obtenía cuantiosos dividendos.

En una y otra ciudad del interior, Batista ordenó asesinar 10 revolucionarios por cada soldado caido en el combate. ¿Y acaso estos muchachos estaban buscando la libertad no encontrada aún desde el siglo XIX?

Alliegro resalta en sus palabras que Perucho  y Céspedes ¨despertaban a un pueblo dormido para ponerlo en la senda de la libertad y del honor¨. ¡Pura coincidencia!. Solo 43 días después, el 24 de febrero de 1956, en Bayamo, se organizaría el núcleo del movimiento 26 de julio y como partero de este alumbramiento el maestro Frank País García.

Procedente de Santiago de Cuba, el joven normalista verdadero émulo de los  iniciadores bayameses que se evocan por encargo presidencial en tan simbólico día en que 87 años antes, el pueblo prefirió reducir a cenizas sus propiedades antes que rendirse al enemigo, no gastará palabras en vano, pondrá acción y organizará el camino hacia la libertad, la que vapuleada y mancillada, Alliegro estrujaba a nombre de otro en su discurso.

 

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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