La última plática del héroe

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Eloy Paneque Blanco. / Foto de la autora

No creo en las casualidades, lo que se busca aparece en el camino. De tanto ir detrás de los libros, la gente, los amarillos documentos por décadas guardados, de pronto tengo frente a mí a un surtidor, al manantial lleno de borboteantes historias, porque él y no otro estuvo allí en el centro del volcán, desde la década caldeada de 1950 en Bayamo.

Eloy Paneque Blanco acaba de cumplir sus 82 años, nació el 7 de diciembre de 1935, apenas siete años después que en Santiago de Cuba ese mismo día naciera en un hogar de gente laboriosa y cristiana, el primogénito del matrimonio País García. No hay coincidencia vacua, serán dos hombres que calen hondo entre sus contemporáneos, de arrojo sin igual, de enorme fortaleza moral y revolucionaria, marcados por la impronta del Titán.

Conversa animado, está en Bayamo, la ciudad que ama y de la que tomó el nombre de guerra, o más bien se lo dieron, por aquello de cantar La Bayamesa con mayor orgullo y más alto, por llevar incrustado en el pecho la hombradía de los patriotas iniciadores y en el brazo la tea incendiaria de enero.

La memoria le hace lagunas en la plática, las bordea, se lanza a nadar en las profundidades de algo nunca olvidado, busca en el subconsciente y se remonta más de seis décadas atrás. En 1952 es de los primeros en afiliarse al Movimiento Nacional Revolucionario junto a Rafael Lapinell, Orlando Lara, Gilberto Verdecia y muchos otros. En Santiago Frank País García y Vilma Espín militan en la misma fuerza que decide llamar a las armas para acabar con el desgobierno.

Mucho quiere otro régimen para Cuba, los garitos abundan, las escuelas son pocas y escasa la garantía de la salud. Este hombre de mediano tamaño, decrecido quizá por el tiempo y el trabajo del aparato osteomuscular, me cuenta que la familia es numerosa, del rural barrio de Julia donde vive al amparo amoroso de su abuelo Manuel Paneque, se traslada a Bayamo donde llega a estudiar en la Escuela Profesional de Comercio.

Allí conoce y comparte las mismas inquietudes con Iván Leyva Casamor, un espigado joven de intensos ojos azules. Ambos fundan Vanguardia de Acción Juvenil en junio de 1952, organización que toma la delantera en acciones concretas contra el régimen. En agosto del siguiente año están presos en el Vivac de Santiago de Cuba, acusados de terroristas. ¡Allí está también Frank!

Recio a hablar de su obra, la que registran pocos libros, de la que apenas se conoce, Eloy abre en los últimos días de 2017 el juego, beisboleramente hablando. Mucho hemos esperado este momento. Se reúne con antiguos colegas de lucha, insiste en la necesidad de que lo guardado salga a la luz. Pero la salud que ya viene resentida, le es esquiva y en la madrugada del miércoles 24 de enero viaja a la inmortalidad.

Algunos amigos, combatientes de la clandestinidad, de la Columna 1 José Martí donde primero combatió en la Sierra Maestra, familiares, se reúnen para darle el adiós. Un emotivo momento llega de la mano del historiador Aldo Daniel Naranjo, bien conoce el orador el sendero transitado por quién ¿por casualidad?, viene a despedirse en Bayamo.

Son épicas sus caminatas cuidando la retaguardia, logro que Eloy cuente, cuando el recuerdo es un poco esquivo. Piensa, medita cada palabra, quiere ser justo, no fabula, está diciendo lo que pasó sin subjetividades.

Eloy Paneque fue de los que en Bayamo generó el movimiento Fidelista que devendría en 26 de julio, el mismo que Frank País en su misión de Jefe Nacional de Acción y Sabotaje vendrá a direccionar en febrero de 1956.

Meses más tarde estará listo para el apoyo al desembarco del Granma, un pequeño yate procedente de México que trae la esperanza en 82 hombres. Ante la incertidumbre y las noticias falsas de la muerte de Fidel, el resto de la directiva y la dispersión de la tropa, Eloy toma la decisión viril de alzarse, y lo hace en Cabezada de Julia donde encuentra el apoyo de su familia, junto a él un joven que cree en las armas: Orlando Lara Batista.

Será uno de los primeros refuerzos de la naciente guerrilla, protagonista de decenas de combates, maestro de tiro y campaña. Experiencia tenía, a fines de 1955 creó una escuela de instrucción militar en la zona de Pinalito, en las montañas de Guisa, experiencia que extendió hasta los límites de Bayamo.

Célebre, antes de irse con el Ejército Rebelde, fueron los sabotajes perpetrados al transporte por carretera, ferroviario y vinculado al traslado de la caña de azúcar de corte hacia el central. Las interrupciones al suministro eléctrico de varios pueblos y ciudades, generando inseguridad entre las represivas fuerzas del orden.

Enérgico y confiable, Fidel lo envía junto a Raúl y Juan Almeida a fundar un nuevo frente de combate, el segundo que se abrirá en el oriente del país. Allá hará de las suyas con un garand de compañía artillera. Al tirano le queda poco, la invasión mina hasta la madriguera y Eloy cree que terminó su batalla. Más se equivoca. Fidel lo llama.

Al triunfo de la Revolución numerosas tareas le son encomendadas. Indócil y auténtico, le pone su propio sello a la vida, asume el reto de estudiar nuevas materias y de vencer escollos. Produce seis vástagos, va por el mundo haciendo transacciones sin perder la jocosidad y preservando sus principios.

Fiel a lo vivido me dice: tienes que saber y escribir. No te detengas. Apenas se ríe, pero veo un alma feliz, es de los pocos testimoniantes que quedan de la gesta revolucionaria de la Sierra Maestra, de los que levantaron en sus brazos los primeros días de la Revolución y sabe lo imprescindible que es contar esos trozos de historia.

Se fue sin cumplir sus sueños, pero me queda esta última plática en la grabadora y la cámara, más que nada en la zona imborrable de la memoria, en las ansias por contar. Y seguiré.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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