La pasión por cultivar el higo

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Foto: Diana Iglesias.

No hay mejor forma de recordar a José Martí que hacer realidad su pensamiento, que seguir sus ideas ya sea en la educación de los niños y jóvenes, la relación con la familia, pareja o la manera de vivir austera y ordenada y de alimentarse con mesura y de forma sana.

Es una de las razones que mueve al Ingeniero Agrónomo Jovier Diéguez Zaldívar, Investigador Auxiliar del Instituto de Investigaciones Agrícolas Jorge Dimitrov  (IIAJD)de Bayamo, a diseminar el cultivo de la higuera, una planta oriunda de Asia suboccidental, aunque se cosecha bien en climas mediterráneos, templados y subtropicales como el de Cuba a donde llegó gracias a la colonización.

Un higo fue uno de los últimos alimentos tomados por el Héroe Nacional de Cuba en los campos del oriente de la isla donde fue a encontrarse con la verdad de la guerra. El fruto de suave textura y ligero dulzor aplacó el hambre del Maestro, como la sed fue calmada por las aguas filtradas  del río Contramaestre.

Jefe del proyecto del desarrollo del higo en Cuba, Jovier lleva varias décadas dedicado al estudio de esta planta, que si bien se diseminó por el archipiélago las mayores poblaciones domésticas fueron encontradas en las poblaciones de Bayamo, Yara, Veguitas y Jiguani.

En el pequeño patio de su casa, como buen ejemplo de maestro, cultiva dos higueras junto a helechos, otras especies aromáticas y ornamentales. Lo que le ha permitido estudiarlas minuciosamente y disfrutar de las bondades de los frutos y la variedad de platos que se preparan con ellos. 

Foto: Diana Iglesias.

Los sueños son compartidos en lo profesional con la investigadora Amarilis María Cigarreta Martí, su compañera de la vida, a la que apasiona por igual el cultivo de la higuera y la horticultura.

A propósito del aniversario 165 del natalicio de José Martí, Diéguez Zaldívar regala numerosos ejemplares de plántulas  a los edificios del reparto Antonio Guiteras y las siembra de manera simbólica, con la convicción de que forma otros amantes de la naturaleza y de que proveerán a los futuros pobladores de un producto cosechado por el esfuerzo común.

El higo, con su inconfundible olor, es uno de los ingredientes del aliñao, bebida tradicional en el oriente de Cuba que se prepara para esperar los nacimientos, en la que se mezclan frutas almibaradas y aguadiente de caña.

Los valores nutricionales y protectores de la salud de la fruta y de las hojas del arbusto de jardín, son ponderadas por este enamorado de la botánica y en especial de la horticultura.

Impulsado por la propuesta de un campesino de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, el señor Jesús Díaz Castro, que cosecha higueras con métodos agroecológicos y al que lo une una amistad con Cuba, propuso el incentivo de esta fruta mediterránea como alternativa para suministrar sanos alimentos a la dieta de los del archipiélago.

Fácil de cultivar en jardines y patios, el higo se reproduce a través de esquejes, que se obtienen en varias épocas del año del arbusto de mediano tamaño de tronco leñoso y hojas lobuladas, capaz de tener varias producciones anualmente y que no exige demasiados cuidados.

El proyecto concibe la diseminación de la higuera en predios domésticos, motivo por el que el IIAJD posee media hectárea en la capital de Granma, dedicada a obtener las plántulas, otra estación experimental en el municipio montañoso de Guisa y en Santiago de Cuba, provincia que también extiende el cultivo del higo lográndolo en la   totalidad de sus municipios.

Al fruto de la higuera y a las hojas verdes se le atribuyen propiedades antibacterianas y protectoras del aparato respiratorio ante el ataque de virus que producen gripes y catarros y la temida enfermedad del asma. Así también se le conceden propiedades antioxidantes, por tanto anticancerígenas, digestiva, laxante natural, antiácidez estomacal y nutritiva.

En cuanto a los valores nutricionales el fruto es rico en complejo vitaminico B, vitamina A, C y  en minerales como hierro, calcio, fósforo y potasio, incluso en mayores concentraciones que los muy populares y extendidos por el mundo como la manzana y la naranja.

Vale entonces intentar, por el bienestar de cada uno de los cubanos, porque también el Apóstol nos dejó esa sapiente sugerencia, de endulzar con mesura el paladar, de que al cuerpo y la mente nutrieran fuentes sanas y naturales.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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