Brasil vive el carnaval más politizado de su historia

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En Río, un disfraz particular de Temer Crédito: O Globo / GDA

Hay coincidencia hoy en los medios de prensa -alternativos e incluso algunos monopólicos- cuando, aún sin concluir, distinguen ya al carnaval de 2018 como el más politizado que vivió Brasil en toda su historia.

La presentación esta madrugada de la escuela de samba Paraíso do Tuiuti en la pasarela de la Sapucaí, en Río de Janeiro, sirvió para confirmar la apreciación y lo hizo desde la elección misma de la trama  (¿Mi  Dios, mi Dios, está extinta la esclavitud?) hasta el paso de un enorme vampiro representando al presidente Michel Temer.

El desfile de Paraíso de Tuiuti – que retrató a Michel Temer como la cosa mala- fue irretocable en cuanto a las denuncias del golpe (contra Dilma Rousseff) y de la esclavitud derivada de la reforma laboral, escribió en su blog Esmael Morais, quien advirtió que la politización del carnaval llegó también a otras partes del país.

En Sao Paulo, por ejemplo, el cantante y compositor Zeca Pagodinho se rehusó a posar para fotografiarse junto al alcalde tucano (del Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB), Joao Doria, mientras en Olinda (Pernambuco) “el grito de guerra, con derecho a transmisión en vivo, era Fuera Temer”, reseñó.

El periódico Brasil de Fato, en tanto, destacó en su portal digital el desfile de Paraíso do Tuiuti y aludió en particular a la representación de los “manifestantes fantoches”, aquellos llamados cazueleros que, manipulados por los grandes medios, salieron en 2016 a las calles vistiendo camisetas de Brasil para pedir el impeachment (impugnación) de Dilma.

Otra de las escuelas que envió un claro mensaje político, en este caso al alcalde de Río de Janeiro, el evangélico Marcelo Crivella (representado por un muñeco como Judas), fue la de la Estación Primera de Mangueira, que trajo como tema “Con dinero o sin dinero yo me divierto”.

“Prefecto, pecado es no divertirse en el Carnaval”, rezaba un gigantesco cartel, censurando la decisión de Crivella de viajar a Europa y estar ausente así del desfile del llamado Grupo Especial de las escuelas de samba cariocas.

El año pasado, cuando tomó posesión del cargo, el obispo evangélico se convirtió en el primer alcalde de Río de Janeiro en no asistir a la inauguración de los desfiles del más grandioso carnaval del mundo, desde la inauguración del Sambódromo, en 1984.

Esta vez, además de ausentarse, recortó a la mitad el presupuesto destinado a lo que los cariocas gustan en considerar “el mayor espectáculo de la Tierra”, amparándose en la aguda crisis financiera por la que atraviesa la ciudad.

El propio Brasil de Fato hizo circular un exhorto del fallecido arzobispo emérito de Olinda y Recife, Helder Cámara (1909-199), quien catalogaba al carnaval como “una de las raras alegrías que todavía le queda a mi gente querida”.

No sé qué pesa más ante Dios: si los excesos cometidos por los parranderos o el fariseísmo y la falta de caridad por parte de quien se juzga mejor y más santo por no disfrutar el carnaval”, escribía el obispo católico e instaba a sus feligreses a sumarse a los festejos que ponían “un poco de sueño en la dura realidad de la vida”.

Por su parte, y en su cuenta de la red social Twitter, la presidenta nacional del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann, concedió nota de 10 y calificó de histórico el desfile de Paraíso do Tuiuti “retratando el cuadro que vive en la actualidad en Brasil después del golpe”.

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