Roel Santos: Mientras se trate de jugar béisbol, nada me frenará

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Foto: Blog Zona de Strike,.

A juzgar por la historia primera de Alfredo Despaigne, y ahora con la del bólido Roel Santos, habrá que concluir que el béisbol en Granma garantizaría su futuro si se dedica a aceptar a todos los aspirantes que sean negados por cuestión de tamaño en las EIDEs y academias de la región.

Como mismo pasó en Santiago al portentoso número 54 de la pelota cubana, a Roel también lo rechazaron por “muy pequeño” en la escuela deportiva de su provincia, a pesar de que alineó con destaque en el estreno en el team escolar.

Fuera del “problema” del tamaño, todo era sorprendente en el juego de aquel muchacho que apenas un año atrás, con nueve de edad, fue llevado de la mano del activista Juan Luis Yuri al área especial del barrio de Miramar, irónica antítesis del populoso asentamiento capitalino, tocayo de este caserío rural del esquinero municipio oriental de Niquero. 

Tantas ganas tenía de jugar, que lo hizo aunque no hubiera en toda la zona un guante para zurdo. Salomónico, arrastrado por su pasión, usó uno para derecho. Fildeaba, se lo quitaba y lanzaba con la propia siniestra, en un intervalo tan o más rápido que sus compañeros diestros por naturaleza. 

“Si ahora tengo esta energía, imagínate siendo un muchacho. No me iba a cansar por más veces que me dijeran que no”, espeta Roel.

Roel Santos ha mostrado un elevadísimo nivel en el corrido de las bases. Foto: Ricardo López Hevia

No dejó de jugar ni en la primaria, ni en secundaria, ni mientras cursaba como técnico en termoenergética, quizás el perfil más afín a esa argamasa de explosividad, energía y temperatura que es su persona.

Ya graduado jugó cuatro torneos provinciales, al cabo de los cuales es al fin captado por la Academia, integra la Liga de Desarrollo paralela a la 48 Serie Nacional, y en el último tercio de la campaña, luego del segundo Clásico Mundial, estrena la camiseta grande de Granma.

Un nuevo escollo lo sacude el año siguiente: “No me convocaron a la preselección, y yo, que nunca me canso, en vez de amilanarme tomé más fuerza. Dediqué todo el tiempo al béisbol, a entrenar con obsesión, y en el siguiente campeonato provincial fui líder de bateo, jonrones, impulsadas y anotadas. Convencí, entré al equipo en la Serie Nacional 50 y no me salí más.”

De entonces hasta acá, Roel Santos no ha dejado de llamar la atención con su juego de primer bate idóneo, basado en la velocidad, la maña en el bateo, buscando siempre poner la pelota en movimiento con un toque en dos pasos de ventaja, un “machucón”, un timón que la empuje a la banda opuesta, unido a un temerario corrido de bases y a una cobertura del jardín central que borra las fronteras con sus flancos.

En siete años ha crecido en la estatura de su estilo muchas veces más que lo que habrían deseado para su talla física, y sus vitrinas de máximos trofeos, que ya acumulan tres títulos nacionales -uno como refuerzo pinareño y los dos últimos con Granma-, un centroamericano y una Serie del Caribe con los Vegueros de Urquiola en 2015, hablan con suficiencia de la solidez del primer bate cubano.

Al regreso de la reciente intervención caribeña, en que no pudo sacarse la espina de la anterior edición, Roel accedió a comentar  algunas de las claves -innatas o adquiridas- que argumentan el Santos que aplaudimos en su última versión.

“Es un Roel que intenta superarse de una etapa a la otra, que procura sacar una enseñanza de cada oportunidad, pero es el mismo Roel Santos de siempre, enfocado en llegar a primera, tener al lanzador preocupado, ser una bujía en la tanda, batear, correr y fildear como si fuera el artista de un show que disfruto mucho hacer”, afirma.

“Solo he perfeccionado habilidades que practico desde mis inicios, para embasarme, ganar una almohada más, anotar a toda costa, y las experiencias provechosas que he tenido tanto en Cuba, como en Canadá y Japón me han dado la ocasión de pulirlas.

“Cierto es que he estado más preciso en el robo de las bases, por ejemplo, pero no es del todo responsabilidad de mi paso por Asia.

“Yo venía robando bien desde años anteriores. En la Serie 54, por ejemplo, robé 30; cuando volví de Canadá lo hice mejor, y al regreso de Japón me sentí todavía más maduro. Allí se respira ese béisbol de velocidad, de toque de bola, y la práctica diaria hace que lo perfecciones. Se entrena el detalle, con cámaras para estudiar el momento de la salida, si muy parado, si muy bajito.

“Pero insisto que en Canadá, particularmente, aprendí mucho, pues me ayudaron atletas que integraron equipos Triple A de Grandes Ligas, como Jonathan Malo, de los Mets, o el holandés Kalian Sams; peloteros muy rápidos que me instaban a regresar de mano o ganar un paso más. Ese año robé 24 bases en la Can-Am, y al regresar a Cuba otras 24 en 45 juegos.

“Japón es una liga mucho más dura, con receptores muy precisos y pitcher rapidísimos, de mayores reflejos. Ese ambiente contribuyó a que puliera habilidades que aún pueden ser mayores. Todavía creo poder crecer más como robador”, asegura Roel.

– ¿El último intento de robo en Jalisco?

– “No me arrepiento. La reacción en el equipo fue más de sorpresa que de reproche, porque no significaba nada, ni empate ni ventaja.

“Sencillamente me molestaba la espinita de llevar dos juegos sin anotar. No quería que roletearan para doble play, salí y fue out.

“Había llegado cuatro veces a base. Cuando no anoto no me siento bien, porque robar y pasar por home es mi trabajo como primer bate. Si pego jonrón, felicidades; si no, igual, pero lo que me molesta es no robar ni anotar.”

– ¿Has pensado en estafar el plato?

He querido y he tenido la oportunidad, pero me ha faltado la decisión. Creo que puedo ganarle el tiempo a varios pitcher, pero no me atreví hasta hoy por eso: falta de decisión.”

– ¿Complacido con la actuación del Granma que soñabas campeón? 

Roel Santos se lleva el show en esta semifinal. / Foto: Rafael Martínez Arias.

– “Este año fue la alegría inmensa de una reafirmación, de demostrar que no ganamos en 2017 por casualidad, sino porque lo luchamos y merecimos.

Este último y el del campeonato con Pinar del Río han sido mis dos mejores play off, pero creo que el primer título con Granma lo disfruté más, por haber sido el salto al sueño que tuve por mucho tiempo y que logré por fin.

“Me habría encantado haber redondeado el resultado ahora con el oro en la Serie del Caribe, como lo hice con Vegueros en 2015. Estaba muy convencido de que teníamos todo para conquistarlo, pero no pudo ser, y aunque me dolió en ese momento, igual estoy feliz.”

– ¿Perspectiva internacional?

– “En Jalisco se me acercaron tres clubes mexicanos interesados en mi incursión en su liga, pero de Japón aún no ha llegado ninguna oferta.

“Confieso que la mayor aspiración mía es poder volver a Japón, tener la oportunidad nuevamente de destacarme en ese juego rápido y chiquito que tanto tiene que ver con mi estilo. Me quedé con la espinita de rendir allí todo lo que puedo, pues personalmente me considero un pelotero más hecho, de mejores habilidades que al año anterior incluso.

“Si no puede ser, no importa tampoco. Seguiré jugando porque yo vivo gracias al béisbol. Lo llevo en la sangre. No me canso, aunque esté en el terreno todo el año. Ya antes había dicho que al regreso de Japón descansaría un poco, pero llegué y no pude resistir diez días.

“Así como no me canso, tampoco me rindo. Ahora mismo, si no me contratan en el exterior, entro al campeonato provincial para ayudar a mi equipo de Niquero hasta que inicie la Serie Nacional. La cosa es que mientras se trate de jugar béisbol, nada me frenará.”


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