Campesinado cubano, garantías y retos para avanzar 

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Foto: Luis Carlos Palacios

Con uno de los más esenciales derechos conquistados desde hace 59 años, la propiedad de la tierra, el campesinado cubano tiene hoy el reto de continuar siendo protagonista del proceso revolucionario, y alcanzar mejores resultados para beneficio propio y del pueblo.

Ese es el espíritu que anima a los integrantes del movimiento agrícola en la oriental provincia de Granma, quienes desde hace varias jornadas están inmersos en las celebraciones por el Día del Campesino y el aniversario 57 de la constitución de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Hombres y mujeres amantes del surco tienen sobradas razones para continuar avanzando y preservar las conquistas de la Revolución en el territorio donde hace 59 años, en la invicta Comandancia General del Ejército Rebelde en La Plata, en plena Sierra Maestra, Fidel Castro firmó la Primera Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959.

Frente a un escenario completamente distinto, con dificultades y nuevos problemas por enfrentar, Yaquelín Puebla Lachel, presidenta de la ANAP en Granma, aseguró a la ACN que trabajar más y lograr un mayor aprovechamiento de la tierra son tareas claves para hacer avanzar al sector.

Jóvenes agricultores como Yailín Armas Labrada afirman que las nuevas generaciones no defraudarán la confianza de Fidel, acompañarán a la nueva dirección del país, y mantendrán vivas las raíces de la nación y las tradiciones autóctonas del campo.

Promulgada en las serranías del actual municipio de Bartolomé Masó, la Reforma Agraria recuperó para Cuba y sus hijos el derecho a la tierra, borrando el triste panorama republicano, donde  los latifundios estadounidenses dominaban el 55 por ciento de la superficie total de la Isla.

Cuestionado hasta nuestros días por los enemigos del proceso revolucionario en la Mayor de las Antillas, el genuino acto de justicia social benefició a millones de personas, entre ellas 150 mil familias que anteriormente debían pagar por las parcelas que cultivaban y, de forma gratuita, fueron convertidas en propietarias.

En virtud del legítimo derecho, la ley entregó la tierra a quien la trabajaba, eliminó el latifundio y la aparcería, y abrió el camino hacia radicales transformaciones sociales y económicas en los campos cubanos, convirtiéndose así en la más trascendental de las medidas adoptadas por la Revolución en su primera etapa.

A partir de entonces y con más fuerza, el acceso a servicios básicos y beneficios nunca antes soñados fueron convirtiéndose en alentadoras realidades en las zonas rurales del país, condenadas a la oscuridad, la miseria y el olvido antes del triunfo del Primero de Enero de 1959.

Esos logros son motivos de festejos, conquistas a defender y motivaciones para avanzar, en un contexto internacional de profundas desigualdades en la tenencia de tierras, las cuales se erigen como focos de conflictos y violencia en el mundo.

Frente a uno de los grandes problemas globales del siglo XXI, donde son tristemente comunes el desplazamiento de los pequeños agricultores y la concentración de la tierra, cada vez, en menos manos, los campesinos cubanos marchan con ventaja en la carrera por alcanzar importantes metas como la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.

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