¡Bendita infancia!

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Niños compiten en juegos de participación en el Día de los Niños, celebrado en Cuba cada tercer domingo del mes de julio, ciudad de Bayamo, provincia de Granma, 16 de julio de 2017. ACN FOTO/Armando Ernesto CONTRERAS TAMAYO/sdl

El tiempo inexorable, envejece todo aquello, que brinda la naturaleza. Sin embargo, en la vida, el hombre persiste en la creación. Quizás alguna, tenga de acertijos, pero la vida también tiene de dádivas, que renuevan la naturaleza.

Creo, sin adagios, que uno de esos regalos de sentir placer en la vida, siempre es y será la existencia de los niños; que no solo hoy, primero de Junio, sino todos los días del calendario, nos hacen felices y en armonía.

Pero no es la filosofía que enternece, sino esa criatura, que nunca se desdeña por su piel y su alma, que por su belleza de breve pequeñez, puede darnos la posibilidad de sentir la sensación de una perla que inocente brota de su concha.

Puede ser loable afirmarlo sin penas ni ambigüedad: que en los niños, nada es ni será desdeño, cuando su imagen, sugiere la de un angelito, quizás creyendo vivir en un mundo de cosas gigantes, que mira y ve rondar como sueño.

Pero ese mismo tiempo, común, nos deja disfrutar cada período: oír sus gritos, verlo como succiona el alimento, en la madre o biberón, llorar su placer en una tetina; agarrarse de su cuna, hacer el gateo, dar sus cortos pasos, y sus manitas extendidas por el amparo.

Es un gozo también oír sus gorjeos, imitando palabras, y avivar la expectativa: si primero dice papá o mamá.

Hermoso es además, verlos cuando irrumpen con el manoteo de sus palmaditas, que parecen catarle a la vida.

Y es que los niños, son como imán, que atrae de la mano la caricia, porque no tienen culpas, ni merecen castigo alguno. Su pequeñez, llena todo el hogar.

Sencillamente, los niños son toda alegría. En ocasiones es como si jugaran a vencer el tiempo, por su añoranza de ser grandes como papá, o se tornan impacientes por ir a la escuela, y hacer dibujos reales o abstractos, y regalar sus escrituras de letras torcidas.

Merecen alzarlos en vilo, ser libres de maltratos, no surtir su alma de golpes, sino de agua y flores, de cantos y sueños, de amor y paz, amen que existen salvajes del planeta, que hoy los engañan por su inocencia, y los obligan a cosas de adultos.

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