Desconsideraciones cotidianas

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Vendedor Ambulante

Los negocios dependen en gran medida de las ganancias para sostenerse, pero a veces nos encontramos con negociantes desconsiderados y productos con precios excesivos, mediante los cuales,  los vendedores quieren obtener grandes dividendos.

Ya hoy es muy difícil ver ofertas que cuesten solo un peso en la llamada moneda nacional, también conocida como CUP,  y no es porque a ese monto no se logren utilidades, lo que sucede, y no les agrada a muchos, es ganar muy poco.

Algunos cuentapropistas involucrados en estas historias parecen querer convertirse en millonarios de la noche a la mañana, y no lo quieren hacer produciendo más o generando más servicios, sino encareciendo sus ofertas.

Los aludidos parecen desconocer que el más beneficiado no es quien más caro vende, sino el que más vende, y para conseguir lo último,  el costo desempeña un papel importante.

Con pasmosa facilidad te proponen su mercancía a buen precio y cuando preguntas te das cuenta del engañoso pregón. Entonces te abruma el hecho de no contar con el dinero suficiente para adquirir esos productos.

Pero no solo eso te puede molestar, a todo lo anteriormente dicho se puede agregar que el listado de precios no se corresponda con el valor real, y que lo mostrado en las tablillas es para alejar a los inspectores y “aparentemente” estar cumpliendo la política de precios.

En todos estos casos hay una evidente falta de deferencia hacia el consumidor, el cual es el centro de todo negocio y en quien el vendedor debía pensar un poco más.

Resulta muy contradictorio que junto a nuestros problemas económicos coexistan hechos como los anteriormente referidos, los cuales difieren del humanismo y la hermandad característicos de los cubanos.

No es bien visto aprovecharse de la escasez y el desabastecimiento para arremeter contra los bolsillos de los necesitados. Ante todo debe prevalecer la mentalidad de lograr dividendos, pero sin abusar de los demás.

Para estos tiempos de desconsideraciones,  una frase salvadora sería la que leí una vez en un mural, cuando vivíamos los momentos más duros del período especial: “Que la dureza de estos tiempos no nos haga perder la ternura de nuestros corazones”.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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