Los retos de la mayor organización de masas

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Foto: Tomada de internet

Los CDR arriban a su aniversario 58 y lo celebran, entre otras actividades, con su Noveno Congreso, el cual ha generado desde sus inicios hasta la sesión final disímiles debates en torno a la mayor organización de masas del país.

Más de medio siglo llevan acompañando el proceso revolucionario y muchas han sido las tareas encomendadas. Aunque su misión fundamental es la defensa y vigilancia de los barrios, su campo de acción se ha ensanchado y hoy abarca disímiles cuestiones que tienen su epicentro en las cuadras.

Actualmente muy pocas problemáticas y acciones son ajenas a esta organización vecinal, pues ellos constituyen un eslabón fundamental en la estructuración de nuestra sociedad.

Cuando hablamos de guardias, trabajos voluntarios, limpieza y embellecimiento, recogida de materias primas, donaciones de sangre, caldosas, reuniones de vecinos y unidad del barrio, nos remitimos mentalmente a ese espacio físico y afectivo.

Mas estos tiempos, con sus nuevas luchas y desafíos, demandan de las cuadras un mayor protagonismo, urgido de la fusión entre los más experimentados y los jóvenes.

Su funcionamiento- inexorablemente- debe ser más orgánico y dinámico, buscando vida en actividades y acciones del barrio, más que en reuniones.

Hoy los CDR deben convertir a las cuadras en el principal escenario cultural y deportivo, sin necesidad de orientaciones de estructuras superiores. Este anhelo demanda mayor autonomía e iniciativas en la base.

Las reuniones deben despojarse de las formalidades y reflejar y abordar los problemas del barrio, así como las soluciones que desde allí deben emprenderse.

Sumamente importante debe considerarse la elección de los dirigentes de base, pues los comités deben ser comandados por líderes que convoquen, impulsen y accionen.

El líder necesariamente debe ser la persona más ejemplar y con  mayores méritos del barrio, para -con todo su prestigio y moral- criticar y encabezar la lucha contra las incidencias negativas.

Las cuadras tampoco están ajenas a la lucha contra las indisciplinas sociales, pues en su seno abundan muchas de ellas. Las ventas ilegales, el maltrato a la propiedad social, el irrespeto a las normas de educación formal y convivencia, entre otras, constituyen desobediencias que deben permanecer en su punto de mira.

Pero no solo la denuncia y enfrentamiento a esas indisciplinas les compete, también los CDR tienen un papel importante en la formación de valores de los niños y adolescentes de sus barrios.

La sociedad cubana está inmersa en una batalla contra todo lo que la menoscabe e intente demeritar, y en ese enfrentamiento los CDR tienen un rol primordial.

Los comités -sin dudas- se han convertido en esencia de nuestra sociedad y en una gran familia, y familia al fin, nada de lo ocurrido en sus terrenos le es indiferente.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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