Pequeña revolución en la cuna (+Fotos y video)

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Cada día que pasa y acerca más la fecha al sesquicentenario del alzamiento legendario, La Demajagua amanece con un rostro distinto a la jornada anterior. Foto: del autor

La Demajagua, Granma.–Luego del vínculo triste y hondo entre su vida y la guerra épica que los cubanos contribuyeron a librar en Angola, Yulián Blanco no había vuelto a ligarse tan cercanamente a la historia nacional.

Un día muy gris de la infancia –demasiado temprano para su inocencia– conoció de la forma más terrible el modo en que los hombres de carne se hacen mártires.
Tan unidos como en el instante del nacimiento del niño, el 24 de abril de 1985 sus dos padres cayeron cumpliendo una misión sobre el mismo palmo de la tierra africana. Oficiales de las  FAR, ambos eran para Yulián sus dos héroes más grandes desde muchísimo antes de aquel minuto trágico en que pasaron a serlo de la patria.

Foto: Dilbert Reyes.

De entonces hasta hoy, cierto rigor de carácter se le nota en el rostro y en su hacer; dado a los trabajos duros, fatigosos, polvorientos, como de un alma blindada puesta a una prueba constante.

Hoy, al timón de un «KP3» poderoso que ruge como tal vez los recuerdos en su pecho, cuenta en números de tres cifras los viajes de tierra, piedra y rajón que ha tirado en pocos días con el camión. Su destino es una explanada nivelada a pocos metros de altura y de distancia de la orilla del mar, donde 12 nuevas casas se levantan en bloques y madera para hacer un tilín mayor aquella comunidad de nombre insigne: La Demajagua.

Cada vez que Pepe –como le llaman todos– activa el volteo de su camión, tiene a la vista el jagüey grande y viejo, nacido entre los hierros de una rueda dentada que es símbolo principal entre las más emblemáticas ruinas de un ingenio azucarero.

«Yo sé bien lo que pasó aquí, en La Demajagua, y lo que vale para la historia de Cuba. No se puede dejar que la gente olvide la historia, todo el sacrificio y el dolor que costó tener esto hoy. Dígamelo a mí…», afirmó, mientras el ruido de la tierra cayendo ahogaba como a propósito la frase conclusiva.

–¿Y en tantos días movilizado no se cansa?

–Yo no me canso nunca– aseveró en tono recio, previo al acelerón que lo perdió con su camión bajo una nube de polvo, de vuelta a la cantera.

Con el camión de Pepe, en la misma ruta se cruzan a diario decenas de choferes de varias empresas constructoras de Granma, del Micons, del Poder Popular, que hacen la misma faena en torno al Parque Museo La Demajagua.

Como nunca había pasado, la vía reconstruida que da acceso al Monumento Nacional parece itinerario de hormigas. En el sitio justo en que el Padre Carlos Manuel de Céspedes lanzara el grito épico del 10 de octubre de 1868, otro ejército de centenares de albañiles, carpinteros, operadores de equipos pesados, linieros eléctricos, de telecomunicaciones, brigadas de jardinería, vecinos de la comunidad, trabajadores y estudiantes de Manzanillo, transforman a un ritmo extraordinario un lugar que es memorable por tales aires de mejoramiento, de emancipación, de cambio… de revolución.

Cada día que pasa y acerca más la fecha al sesquicentenario del alzamiento legendario, La Demajagua amanece con un rostro distinto a la jornada anterior.
En el recuerdo quedó el cierto aislamiento de la sala museo en la ligera colina, al costado del camino empedrado que baja hasta la rueda y el jagüey. Hay ahora otro edificio similar que lo acompaña, justo al frente, como un reflejo en cristal, cuya finísima terminación lo revela salón de protocolo.

El viejo inmueble, sin un vestigio ya de deterioro, será entonces un museo más amplio, con dos salas expositivas que inaugurarán un nuevo montaje museológico y proyecto museográfico de cinco sesiones, con fotografías originales de la época, pinturas y papeles valiosos relacionados con Carlos Manuel de Céspedes.

«Algunos de estos documentos tienen que ver con la compra del ingenio, los negocios para adquirir esclavos, con la vida del Padre en Manzanillo y sus realizaciones como abogado, periodista y promotor cultural y, por supuesto, como conspirador», detalló a Granma, Rosa María Rodríguez, directora provincial de Patrimonio.

«Las nuevas muestras exaltarán otras personalidades del movimiento emancipador como Bartolomé Masó y Manuel de Jesús Calvar, y recrearán aspectos fundamentales del alzamiento del 10 de octubre de 1868, entre ellos el Manifiesto de Independencia, la bandera cosida por Candelaria Acosta o el acto de declarar libres a sus esclavos.

«Textos y citas de Céspedes y de algunos contemporáneos suyos también enriquecerán el material didáctico de la exhibición, la cual reflejará además las visitas que el Comandante en Jefe Fidel Castro hiciera al lugar el 10 de octubre de 1968 y el 7 de noviembre de 1976», explicó Rodríguez.

Hacia el entorno del jagüey, que marca el sitio exacto donde estuvo el ingenio, resalta el traslado de las calderas y otras piezas originales de hierro que ahora, cerca de las ruedas dentadas, conforman un grupo más amplio y representativo de las ruinas. / Foto: Rafael Martínez Arias.

Precisamente en el proceso de traslado y durante la excavación del terreno adjunto al museo, fueron hallados varios elementos de la época como candados, tarjas, clavos y restos de vajillas que, actualmente sometidos a conservación, formarán parte del inventario de la sala expositiva.

Puertas afuera del espacio limitado del parque museo –ahora bordeado por un vial asfaltado que provee una entrada más directa al sitio de la campana y las ruinas del ingenio–, recibe al visitante un edificio socioadministrativo en el cual se termina un área de informática, un salón de reuniones, un almacén de objetos museables, oficinas para especialistas de conservación, una cafetería y una tienda.

Concebido para esta ocasión especial que significa el aniversario 150 del inicio de las guerras cubanas de independencia, el vial ampliado y exquisitamente iluminado desde la carretera hasta el justo espacio del Monumento Nacional, no solo dice que es noticia la reconstrucción del parque museo; pues tanto como la exaltación del sitio histórico, impacta en los pobladores de La Demajagua la reanimación de su comunidad, de la escuelita, el consultorio, las viviendas, así como la edificación de dos asentamientos de ocho y 12 casas nuevas, las primeras de la tipología Sandino (piezas prefabricadas) y las segundas combinadas entre bloques de hormigón, madera y tejas metálicas.

Buen homenaje este que sucede hoy en la tierra histórica de La Demajagua. Si en los días previos al alzamiento se respiraba el ajetreo de hombres ansiosos por combatir la ignominia, ahora el trajín de otros inquietos rinde un justo tributo con el hacer transformador.

Carpinteros encaramados sobre las casas nuevas, albañiles en el adoquinado, decoradores en las terminaciones sutiles, electricistas sobre los postes de luces led y el tendido renovado, gente de Etecsa creando oportunidades de telefonía pública y navegación mediante zona wifi…

Salvando las distancias, no hay otro ambiente aquí tan parecido a esos aires típicos de las revoluciones, del cambio en gestación, del hacer para bien.
De los pocos momentos en que paran, que detienen las labores para taparse los ojos y la nariz, uno es ese de la nube de polvo que levanta Pepe en su camión, en su viaje ciento y tanto cargado de tierra y piedra, en pocos días, con pocas horas de sueño.

No es el único. En este sitio hay cientos de otros hombres que en el sudor del trabajo rememoran la guerra que empezó aquí, y reverencian los muertos que abonaron el camino de la Revolución, la única de entonces hasta hoy, por 150 largos años.

Figura entre las acciones la edificación de dos asentamientos de ocho y 12 casas nuevas, las primeras de la tipología Sandino (piezas prefabricadas) y las segundas combinadas entre bloques de hormigón, madera y tejas metálicas. / Foto: Rafael Martínez Arias.
Nueva escuela para la enseñanza primaria. / Foto: Rafael Martínez Arias.
El viejo inmueble, sin un vestigio ya de deterioro, será entonces un museo más amplio, con dos salas expositivas que inaugurarán un nuevo montaje museológico y proyecto museográfico de cinco sesiones, con fotografías originales de la época, pinturas y papeles valiosos relacionados con Carlos Manuel de Céspedes.

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