La caída de un monarca

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Foto: Luis Carlos Palacios

Lo que casi todos anunciábamos terminó de confirmarse, el martes, en el estadio Mártires de Barbados: Granma dejará de ser el campeón de la pelota cubana.

Algunos conservaban la remota esperanza de que los Alazanes ganaran seis partidos en línea y luego se impusieran en los desafíos pendientes con Cienfuegos y Artemisa. Pero esas cuentas supervoladoras, que apenas permitían llegar a 23 victorias –número no seguro para clasificar a la discusión de los comodines- quedaron rotas por el nocao de Industriales (10-0).

Para los verdaderos amantes del béisbol resulta una noticia muy triste, sobre todo, porque el monarca muere tras una prolongada pena, que incluyó golpes de equipos sin abolengo.

El rey nunca impuso su autoridad en el torneo. Sin contar la subserie final contra Villa Clara, que se efectúa este fin de semana, el titular nacional apenas ganó cuatro cotejos particulares (Guantánamo, Cienfuegos, Isla de la Juventud y Pinar del Río), perdió nueve (Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Santi Spíritus, Mabayeque, Las Tunas, Ciego de Ávila, Matanzas e Industriales) y empató uno (1-1, con Artemisa).

Sus números como visitador fueron para el olvido (6-14) y los de home club tampoco merecen el aplauso pues hasta el jueves eran del 50 por ciento (10-10).

Ninguna selección del mundo puede conquistar los laureles de cada competencia; el deporte se tornaría demasiado aburrido y sin sentido. Por eso, el sueño de alzar el tercer trofeo de manera consecutiva se antojaba lejano y complejo.

No obstante, duele la forma en que se produce esta caída. La selección, al margen de las conocidas ausencias, tuvo un drástico descenso en los tres aspectos fundamentales del juego.

El conjunto que por tradición estuvo caracterizado por la ofensiva y, en particular, por la fuerza al bate, devino uno de los más débiles en esos renglones, con un anémico 260 de promedio y apenas 14 cuadrangulares, la misma cifra que un solo atleta: Pedro León, de Mayabeque.

La defensa de los Caballos, que todos elogiaban, dejó de ser el cerrojo de los últimos dos años, con una temporada de 47 errores en 42 partidos y un 970 distante de los guarismos con los que lograron dos campeonatos. En esta área tenemos que poner un ojo bien grande a la receptoría, que es la llave de cualquier elenco; los cuatro enmascarados de los Alazanes mostraron numerosas lagunas, tanto en el mascoteo, la guía de los lanzadores, los tiros a las bases, como en la captura de los flys.

Y el pitcheo nos alertó que necesitamos realizar un trabajo intenso y urgente pues con un promedio de carreras limpias de 5,15; un WIPH de 1,70; 4,17 bases por bolas por partido, casi 100 extrabases permitidos y un average de los contrarios de 317 no se puede aspirar al éxito.

De cualquier modo, los mazazos muchas veces enseñan y el hecho de haber caído del pináculo al fondo de la tabla de posiciones, debe conducirnos al análisis objetivo y serio, sin “championismos” y sin echarnos aires por los resultados de categorías inferiores.  Hemos de valorar nuestras potencialidades y señalar con valentía baches y manchas, tanto en lo técnico, como en lo táctico.

La pelota, por fortuna, no es patrimonio de un grupo, sino de un pueblo inmenso que ama y construye.

Vendrán otras series, en las que el espíritu tendrá que ser el “sí se puede” que alentó el bicampeonato de los Alazanes.  Si se unen todas las fuerzas en torno al béisbol, los Alazanes volverán, a galope, por el trono perdido.

Tomado de La Demajagua

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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