Las causas del 10 de octubre (+ videos)

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Texto: Yelandi Milanés

El alzamiento del 10 de octubre de 1868 no fue un hecho fortuito, pues diversos factores influyeron en la decisión de nuestros patriotas de empuñar las armas contra el gobierno español. 

Siglos de sometimiento y explotación conllevaron a una situación insalvable por vías pacíficas y los criollos se  convencieron que no había otra alternativa sino la guerra.

Entre las causas propiciadoras del inicio de la lucha en La Demajagua estaban el oneroso sistema tributario, la política comercial proteccionista de la metrópoli y la dependencia cada vez mayor de los propietarios cubanos del capital comercial-usurero.

Otra cuestión generadora de contradicciones era que la administración europea mantenía en sus manos los cargos claves de dirección y la economía de la Isla.

El proceso de formación de la nacionalidad chocaba por todas partes con la resistencia de las autoridades españolas. El incremento y la agudización de las contradicciones socioeconómicas exacerbaron las disputas políticas.

En la antesala de la guerra el problema de la esclavitud adquirió un matiz no solo social, sino también político; su conservación por un tiempo indefinido significaba el mantenimiento del régimen colonial, basado en esa caduca forma de producción.

Solo los representantes más radicales de los terratenientes cubanos y de la intelectualidad comprendían que la verdadera independencia no se podía conseguir sin eliminar la esclavitud.

Negación al cambio

Un hecho palpable de la negación al cambio ocurrió durante las labores de la Junta de Información (noviembre 1866- abril 1867) en la cual participaron 17 delegados de la mayor de las Antillas. Allí se hizo evidente que España no tenía intenciones de modificar la situación existente, pues desoyendo las demandas de los reformistas promulgó un decreto que estableció un nuevo impuesto del 10 por ciento sobre la renta de todo tipo de propiedad y además no modificó el sistema tributario vigente en aquel tiempo.

El fracaso de los reformistas antillanos y la falta de voluntad de la metrópoli por aliviar la rigidez del yugo colonial, dieron lugar a un brusco empeoramiento del clima político de la Isla.

Ante esta situación empezó a crecer y ampliarse rápidamente el número de los partidarios de adoptar la lucha armada  como solución a la contradicción. Con especial fuerza en la región oriental, los más lúcidos y radicales terratenientes e intelectuales comenzaron a preparar la insurrección armada contra el poder español.

La guerra iniciada por Céspedes estaba influenciada por los cambios producidos social y económicamente.

Las insuperables contradicciones entre ibéricos y caribeños, derivadas del esclavismo como modo de producción y del estatus colonial como forma de gobierno, exigían una solución y no puede culparse a los nativos de haber apelado a la violencia armada para encontrarla.

Los criollos acudieron a cuantas vías les fueron dables para aliviar su situación, pero España gobernaba a Cuba como decía Céspedes: “Con un brazo de hierro ensangrentado”.

De este modo a los revolucionarios no les quedaba otra alternativa que la guerra para lograr dos objetivos indisolublemente ligados entre sí: la independencia nacional y la abolición de la esclavitud.

Un aspecto externo que pudo haber influido en la decisión de lanzarse a la manigua fue la aplastante derrota sufrida por España en la guerra de restauración de Santo Domingo (1863-1865), en la cual el pueblo dominicano contribuyó al desprestigio militar de los colonizadores, y constituyó un factor estimulante para el movimiento independentista en el resto de las Antillas.

La insurrección victoriosa del pueblo quisqueyano hizo evidente las posibilidades del combate irregular para enfrentar con éxito a un ejército regular poderoso, aprovechando con astucia los elementos del teatro de operaciones desfavorable para los ocupantes.

Tampoco podemos olvidar la participación de los  dominicanos en la guerra del 68 y sus aportes a nuestro arte militar.

Fidel valorando la actitud de Céspedes aquel glorioso 10 de octubre expresó: “Céspedes no les dio tiempo a las autoridades, no les permitió a aquellos tomar la iniciativa e inmediatamente cursó las instrucciones correspondientes.

“… Céspedes tuvo la clara idea de que el alzamiento no podía esperar demasiado ni podía arriesgarse a correr el largo trámite de una organización perfecta, de un ejército armado, de grandes cantidades de armas para iniciar la lucha, porque en las condiciones de nuestro país, en aquellos instantes, resultaba sumamente difícil. Y céspedes tuvo la decisión”.

Vea los siete capítulos en la serie El Céspedes Que No Conocí.

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