A dos años, siempre entre nosotros

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Hemos perdido la posibilidad de volver a ver a Fidel, de buscarlo en  los reportes de la última visita, de escucharlo y de leer de lo mucho  que siempre tenía que decir, escribí hace dos años por esta fecha. Y  como nos ocurre a veces, a todos, me equivoqué.

Es cierto que para los más allegados ya no está, pero en esa  notable paradoja de las personalidades imperecederas, para el pueblo  cubano está presente. Me llevó un tiempo comprenderlo, vine a tener  una idea clara de esta realidad cuando la pequeña Isabel, mi nieta,  dijo con la naturalidad de sus cuatro años al ver su imagen en la  televisión: “Mira a Fidel… ya él se murió, pero es mi amigo…”

Entonces caí en la cuenta de que es cierto. Uno visita el monolito  que atesora sus cenizas en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia,  más que a rendir tributo póstumo al gran líder, a encontrarse con  alguien entrañable, inmenso como la historia misma de la Patria, pero  cercano como un buen amigo o un padre.

Es que las huellas del quehacer de Fidel están por doquier. Por  solo poner un ejemplo, una comunidad serrana históricamente olvidada y  sufrida como El Cobre, con 11 asentamientos rurales y unas minas que  devoraban la vida de los pobladores, en los últimos seis años no ha  registrado mortalidad infantil ni materna.

Y eso es resultado del esfuerzo de muchas personas, pero para los  cubanos tiene un nombre. Y como este hay infinidad de casos que  pudieran citarse, y no únicamente en Cuba.
Porque Fidel nos enseñó el valor de la amistad entre los pueblos, y  a dar no lo que nos sobra, sino a compartir lo que tenemos.

Seguramente a esto se debe que muchas personas lleguen desde lugares  remotos del orbe a rendirle el homenaje que se reserva a los amigos, a  esos amigos que siempre están en los momentos difíciles o buenos de la  vida.

Por eso Fidel se fue, pero se quedó. Está aquí, marcando un camino  hacia la dignidad plena, el humanismo y la libertad de todos los seres  humanos. Permanece en el legado de una obra que trasciende a Cuba y a  este tiempo, porque el Comandante es un hombre universal.

También su llamado a la unidad, hoy tan necesaria como nunca antes,  para defender la independencia que él nos enseñó a disfrutar con  dignidad en su larga vida de victorioso quehacer revolucionario.

Fidel está presente en su modestia: en casi 60 años de Revolución,  con innegables logros sociales, y a pesar de su enorme proyección  mundial, no hay en Cuba una calle con su nombre, ni una estatua en su  honor, porque él nunca lo aceptó.

Entonces todo queda claro. Hace dos años partió el invicto Fundador  de la Revolución cubana a ganar nuevas batallas, junto a todos los  hombres dignos del orbe, porque mientras haya en el mundo una persona  capaz de pensar en el bien de los demás, de ser solidario, de amar sin  interés, Fidel estará ahí.

Nos queda, entonces, la viva convicción de serle fiel y de  continuar su obra.

CNC TV Granma

Equipo de reporteros de la CNC Televisión Granma. Trabajamos para nuestra programación habitual y también para la versiones digitales de nuestro medio.

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