Desembarco

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Desembarco del Granma
Desembarco del Granma

Parecía que las olas quebrarían el pequeño yate blanco, que el agua belicosa se los tragaría; pero ellos siguieron la ruta sin miedos.

Las bilis empezaron a salir, entre mareos inmensos, entre penumbras y lluvias…  mas ellos continuaron durante siete días, buscando Cuba.

Uno de los 82 cayó a la boca negra del mar, hubo gritos desesperados, rastreo infructuoso; alguno hasta aconsejó darse por vencidos; pero el jefe, Fidel, insistió en que había que encontrar al hombre.

Y así, cuando apareció Roque en la negrura del oleaje, cerca de tierra, salió el himno en la garganta de todos y se multiplicaron los abrazos.

Llegaron, desde Tuxpan, estrujados y estrechos, cargados y desfallecidos; sin embargo, no había soledad en ninguno de ellos.

Se encontraron el mangle diabólico, tendido a lo largo de dos kilómetros.Chocaron con las cortaderas infernales, los pantanos engañosos y los ejércitos de jejenes o mosquitos creyeron, mas ellos prosiguieron la dura senda libertaria porque una tarea moral les robustecía, a cada suspiro del tiempo, la vida.

Los aviones zumbaban cerca y las heridas o llagas empezaban a surgir en los pies bisoños después de dos horas de agotador camino… ellos solo miraban la montaña, madre de futuras batallas, matriz de homéricas gestas.

La madrugada, cómplice, los vio venir con tanta fibra, aquel 2 de diciembre de 1956, que desde entonces creció para siempre el nervio enamorado de la patria allá por Los Cayuelos. Desde entonces, cada año, esos jinetes cabalgan en un desembarco hermoso, para trenzarle a la nación una sonrisa y un destino.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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