Guardianes de la memoria

Comparte
José Manuel Betancourt Comas y Indalecio Guillén. / Foto: Diana Iglesias.

Tenían menos de veinte años cuando se incorporaron a el ejército de los decididos a cambiar radicalmente el destino del pueblo cubano. La juventud y la inexperiencia no fueron obstáculos, sino virtudes y energía.

Convocados por el Centro de Comunicación Cultural Ventana Sur, protagonistas de la lucha clandestina y del Ejército Rebelde, comparten las anécdotas que destellas valor, arrojo y la firme convicción de seguir a Fidel hasta alcanzar la completa liberación de Cuba en 1959.

José Manuel Betancourt Comas, con 17 años se vincula al movimiento estudiantil y de obreros que en Bayamo se agruparon desde junio de 1952 como respuesta al golpe de estado propinado por Fulgencio Batista. Labores de propaganda y acopio de armas resultaron su día a día durante tres años.

Para Indalecio Guillén las armas fueron en cambio una obsesión peligrosa, tuvo que arrebatárselas en pleno Bayamo al enemigo, para incorporarse a la guerrilla urbana que rodeaba la Ciudad Monumento y ganarse su lugar y respeto. Era apenas un jovencito de 16 años, bien delgado y con profundos ojos azules que respondía al seudónimo de Cochero.

Acompañando a Cochero, hasta los primeros días de enero de 1959 peleó Juan Collada, hoy tiene 81 años, y junto a otros compañeros respondían al pintorezo nombre de ¨los desperdigados¨ pues al pasar la caravana de la libertad se quedaron resguardando el frente de Las Tunas. Después las Fuerzas Armadas Revolucionarias conocieron de su disciplina y Playa Girón de su valor sin igual.

De lo más intrincado de la Sierra Maestra salió Edilberto Batista Lastre, tenía 25 años cuando un combatiente clandestino del llano subió hasta el Almendral para involucrarlo en la lucha por los derechos del campesinado. La compra de 60 bonos del Movimiento Revolucionario 26 de julio no dejó dudas de su compromiso con la pelea que se libraba.

Un gran susto pasó Diego Cordoví Cordoví en Santiago de Cuba, con 23 años, donde se le acusaba de quemar un almacén de azúcar, aunque experto en sabotajes a la dictadura, de este era inocente. Un guardia, hermano del connotado esbirro José Luis Rios, alias Campeón, que campeaba en Bayamo, lo reconoció como coterráneo y lo dejó en libertad. Esa no fue la única vez que sus huesos se enfriaron en calabozos, pero nada lo hizo retroceder.

Así fueron compartiendo uno a uno sus historias, aún muchas no escritas, si transmitidas de voz en voz por sus propios compañeros, sus descendientes. Historias que Cuba necesita conocer y dejar en blanco y negro para que no se pierda la memoria de estos hombres sin grandes escenarios ni grados militares, pero imprescindibles en la lucha.

El encuentro se repetirá  para que las más nuevas generaciones conozcan a los guardianes de la memoria que aún caminan entre nosotros.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *