Un adiós para “El Ministro”

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Foto: Ismael Francisco Gonzalez Arceo

por DrC. Juan Ramírez Martínez 

La palabra muerte siempre me ha resultado algo fuerte, semánticamente hablando, para describir a personas que he admirado o querido. Aunque sé que la muerte es un hecho real, que es verdadera, y que hasta me visitará un día, prefiero decir fallecimiento. La siento más dulce, más suave, aunque lleve el mismo destino. Otros dicen partir o dejó de existir, y realmente, lo único que sucede es que el cuerpo físico deja de estar entre nosotros. Para mí, una persona ha muerto, realmente, cuando ya no exista ni en la memoria de quienes le amaron. Entonces es como si nunca hubiese estado en la tierra. Por esas razones, esta mañana de domingo cuando alguien me dijo: “Johnny, murió el Ministro José Ramón Fernández” me quedé parado unos instantes. Me llegó profunda la noticia pues ese hombre, precisamente, una personalidad admirara por mí y a quien pongo como ejemplo a cada rato. Y al reaccionar me di cuenta de que no había muerto, él es de los que no mueren.

El mero hecho de que mi amiga me dijese “El Ministro” ya dejaba sentado que para ella, que es de mi generación de egresados del Pedagógico de Holguín, Fernández nunca dejó de ser “El Ministro”, nuestro Ministro, y que me perdonen los demás que le han sucedido y antecedido pero es que Fernández fue muy especial. Cada mes de diciembre o en vacaciones o cuando había algún hecho relevante a cada uno de los educadores cubanos le llegaba una carta, reproducida mecánicamente, por supuesto, escrita de puño y letra por el Gallego, o sea, por “El Ministro” con su firma y todo. ¡Y arriba, debajo de la fecha, el nombre de uno, no un sencillo saludos genérico, sino el dichoso nombre con que te distinguieron al nacer con patronímico y todo! Iba a las provincias y llegaba a las escuelas y conversaba con todos. Me contó un amigo una vez que si uno iba a La Habana y solicitaba despacho hablar con Fernández alguna situación específica él lo atendía sin mucho protocolo. Y si uno le escribía respondía y a veces de puño y letra como le pasó a un viejo compañero mío. Las cartas te hacían sentir especial, único, diferente. Eran una cortesía. Lo que después, pasados los años comenzaron a llamarle “atención al hombre”. ¡Ese hombre marcó nuestras vidas con su ejemplo!

Hoy, en horas de la tarde, pasaron por el canal de TV Cubavisión un documental de Estela Bravo, que en realidad es una larga entrevista con Fernández, y me enteré de cosas que jamás había escuchado. En un momento del diálogo trajo a colación una anécdota que según él la había contado en otros lugares, y cuando la narró no puedo negar que se me aguaron los ojos por la emoción y creo que hasta un poco de orgullo sentí por él en ese instante. Contaba Fernández que al triunfo de la Revolución Fidel Castro le llama junto a un grupo de oficiales que habían estado al servicio del Gobierno anterior pero que habían tenido que cumplir prisión al estar en desacuerdo con los desmanes de Batista. Fidel, luego de una conversación con ellos les propone cargos en el nuevo Gobierno y a él lo designa como Director de le Escuela de Cadetes dada su experiencia. Al finalizar decide llamar a Fidel y pedirle hablar a solas. Le comenta a Fidel que le agradece pero que él iba a administrar un central donde le iban a pagar mil pesos. Fidel dio varios paseítos y le dijo: Tienes razón. Yo no te puedo pagar mil pesos. Ve para el central, pero piensa que ahora yo decida dejarlo todo para dedicarme a escribir un libro sobre la guerra en Sierra Maestra… contaba que con esas sencillas palabras Fidel movió su conciencia. Regresó al otro día y le dijo: Deme la carta de presentación para entregarla en la Academia y asumir el cargo. Pensé: ¡Qué hombre más decente, como diría Pocho Fornet! El Ministro Fernández nunca imaginará cuanto me alegro de que no se decidiera por ser administrador del central para el cual iba, como no dejo de alegrarme de que ese día a Fidel no se le hubiese ocurrido el peregrino impulso de ponerse a escribir el libro sobre la guerra de la Sierra Maestra.

Bayamo M.N.

6 de enero de 2019.

Juan Ramírez Martínez

Doctor en Ciencias Sociológicas. Máster en desarrollo cultural comunitario. Profesor de nivel superior de Lengua Inglesa. Miembro de la Uneac y Fripresci. Realizador audiovisual.

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