A 150 años de la masacre del Teatro Villanueva

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Realizan en Bayamo jornada teatral en homenaje a los hechos ocurridos en el teatro Villanueva en 1869

La turbulencia podía olerse en el ambiente, aun antes de que los Voluntarios españoles  desencadenaran su violencia homicida aquella noche del 22 de enero de 1869, en la presentación de la obra “Perro huevero, aunque le quemen el hocico”, en el teatro Villanueva, dispersando a actores involucrados y al público a sablazos y tiros, en una desbandada que se extendió por varias calles aledañas.

Y aunque de cierto modo se esperaba, porque la noche anterior uno de los actores había lanzado un sonoro !Viva! a Carlos Manuel de Céspedes y el patriotismo de los criollos iba en aumento, no dejó de sorprender la desmedida saña y brutalidad de la fuerza paramilitar del colonialismo contra personas indefensas y desarmadas, entre las cuales había mujeres.

Era la Cuba que poco más de tres meses antes había iniciado en Oriente la primera Guerra de Independencia, el 10 de octubre de 1868, al convite de Céspedes.
El Ejército Libertador  había tomado la ciudad de Bayamo, luego recuperada en cenizas por el poder colonial, tras ser declarada capital de la República en Armas y más tarde incendiada por sus
habitantes, el 12 de enero de 1869, para no entregarla con su riqueza a un enemigo superior en armas y efectivos. La población emigró a la manigua redentora.
A pesar del golpe en Bayamo, la Revolución cubana iniciada por Carlos Manuel de Céspedes se había extendido como pólvora por la región oriental. El Camagüey se alzó a principios de  noviembre en Las Clavellinas y ya la lucha efectiva había llegado más al centro de la isla todavía por los predios de Las Villas.
En una capital revuelta por esas noticias, nada ajena a la conspiración revolucionaria, los patriotas hervían de pasión, entre ellos el adolescente de 15 años José Martí, su condiscípulo Fermín Valdés Domínguez y su mentor, el probo y preclaro maestro Rafael María de Mendive; estaban en las filas de los que apoyaban de manera comprometida la lucha por la independencia.
A fines de  1868 el saliente Capitán General Francisco Lersundi había organizado en La Habana el Cuerpo de Voluntarios, integrado por emigrantes peninsulares que habían venido a hacer La América, caracterizados por su espíritu reaccionario y fiel a la depuesta reina Isabel II.
Con el comienzo de 1869 ocupó ese cargo Domingo Dulce, a quien se le calificaba de liberal y antiesclavista. En un aparente giro en la política opresiva decretó enseguida la Ley de Libertad de reunión e imprenta.
Esto no cayó nada bien a los belicosos y anticriollos voluntarios organizados por Lersundi y empezaron a tildar a Dulce de flojo. Tampoco los genuinos patriotas creyeron en las buenas intenciones del representante de la metrópoli, pues sabían que indudablemente era una
estratagema para ganar tiempo y golpear fuertemente la insurrección.
Pero en medio de esa supuesta apertura nacieron varias publicaciones de diverso estilo, entre ellas los periódicos El Diablo Cojuelo y La Patria Libre, auspiciado por Fermín Valdés Domínguez, los cuales vieron  la luz en su primer número, el 19 y 23 de enero de ese año, respectivamente.
Mediante ellos, la pluma aguda e inspirada de José Martí defendía de muchas maneras la causa de la libertad y la independencia, con artículos de fondo,  y el poema dramático Abdala.
En medio de un ambiente tenso, con los Voluntarios acechando como perros rabiosos, ocurrió el 21 de enero la primera provocación a la península por parte de los Bufos habaneros. La reacción no se hizo esperar y los actores se vieron obligados a comprometerse a “portarse bien” en lo adelante.
Sin embargo, no se logró cumplir esa intención. El patriotismo insufló corazones y mediante el choteo criollo se cantaron las verdades en la famosa y trágica noche del 22 de enero.
Cuando se dijo “Viva la tierra que produce la caña”, como parte de la obra, alguien añadió: ¡Viva Cuba Libre! y hasta dicen que se vitoreó de nuevo a Céspedes y a la independencia.
Los voluntarios asistentes arremetieron. Los disparos y golpes de sable causaron tres muertos, oficialmente, pero es de esperar que hubo más. También numerosos heridos. Las personas desprevenidas huían en estampida y salieron a buscar refugio como podían en las oscuras
calles aledañas.
El fragor de la violencia fue tan intenso y estremecedor en la capital que la madre de Martí,  Doña Leonor Pérez, salió como loca, en medio de la noche, de su casa- entonces situada en Guanabacoa-, y fue a buscar a su hijo  en la vivienda de su maestro Mendive, pues sabía que estaba muy cerca del Villanueva. Conocía muy bien las inquietudes patrióticas y políticas de su
descendiente adolescente que en breve, el 28 de enero, cumpliría 16
años.
Veinte años después, Martí en sus Versos Sencillos publicados en Nueva York, narró el suceso, del cual recordaba haber visto en el recorrido valeroso y protector de mano de su madre muchas personas tendidas, masacradas en las calles Jesús del Monte y  otras. Dicen que la violencia de los paramilitares era tal que solo con la llegada de militares de oficio de la colonia se impidió que los voluntarios prendieran fuego al teatro.
En honor a los traumáticos sucesos, el 22 de enero se celebra el Día del Teatro Cubano. El Villanueva estaba ubicado  en la calle Morro, entre Refugio (de la Merced) y Vidrios (Lagunas Secas, Canteras), en La Habana.
A partir de la dimisión en junio de ese mismo año de Domingo Dulce,  las fuerzas de los voluntarios se fortalecieron y llegaron a alcanzar de 60 mil a 80 mil miembros, según fuentes.  Actuaron con impunidad y crueldad, enlutando a muchas familias cubanas. Sin embargo, no apagaron la llama del combate y la Revolución. (Por Martha Gómez Ferrals, ACN)

Agencia Cubana de Noticias

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