Un deportista llamado Carlos Manuel de Céspedes

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Mucho se ha hablado en estos días de la personalidad polifacética de Carlos Manuel de Céspedes. Hemos repasado, por ejemplo, sus virtudes como poeta, compositor, abogado, creador, “constituyentista” y patriota.

Sería oportuno que a pocos días de celebrar el cumpleaños 200 del Padre de la Patria, también recordemos al Céspedes deportista.

Se distinguía mucho en el baile y la equitación; era esgrimista y gimnasta”, escribiría sobre él, en excelente semblanza, su contemporáneo Manuel Anastasio Aguilera.

Pero también fue un enamorado de la cacería de puercos cimarrones y venados en las haciendas de su familia, así como un amante de la natación, en la que se inició en los recodos del río Bayamo.

“Siempre me ha gustado tomar parte en los ejercicios que entiendo”, sentenciaría él mismo en su crónica La abadía de Battle, publicada en junio de 1852.

Ejercitó sus músculos en disímiles lugares, desde la lejana Inglaterra, donde ganó una lid de caza de la zorra (deporte emblemático de ese país), hasta su natal terruño, en el que sostuvo cotejos ajedrecísticos con Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional cubano, y los célebres patriotas José Fornaris, Francisco Vicente Aguilera y Jorge Carlos Milanés.  Incluso todavía hoy en Bayamo existe un tablero donde él jugo.

Nunca debemos olvidar que Céspedes fue el primero en traducir del francés al español las 26 reglas primarias del ajedrez, escritas por Luis Carlos Labourdonnais. Un importante periódico de la época, al publicar esta traducción, lo calificó como un “temible jugador”.

Tampoco obviemos que hasta en los momentos más amargos de su existencia lo acompañaron los peones y las torres.  Horas después de haber sido sustituido de su cargo de Presidente de la República en Armas, en octubre de 1873, enfrentó tablero por medio a su “fuerte antagonista” Ramón Pérez Trujillo, el mismo que propuso destituirlo. El viernes 27 de febrero de 1874, cuando cayó ultimado en San Lorenzo, había sostenido en la mañana una partida ajedrecística.

Nacido en Bayamo, el 18 de abril de 1819, Céspedes era capaz de jugar a la ciega y hasta de aceptar simultáneas.  “Jugaba con los distintos opositores al ajedrez y rara vez se permitía perder”, escribió en un libro su ayudante personal Fernando Figueredo.

En la esgrima, la que aprendió con los oficiales españoles en sus primeros años, también era temible.  Ganó no pocos duelos en la Acera del Louvre, en la capital del país, cuando cursaba estudios de bachiller; empuñó el sable con vigor en los sucesos bélicos de Barcelona, en 1841, y salió, tiempo después, vencedor en varias lides contra espadachines de Bayamo.  La más célebre fue la sostenida con Manuel Yero Abad, a quien le produjo “heridas contundentes”. Por eso fue hecho prisionero e imposibilitado de revalidar entonces su título de abogado.

El Padre de la Patria, aprovechando esas virtudes de atleta, ayudó a preparar a los libertadores cubanos.  Conspiró con el ajedrez como trasfondo, instruyó a muchos jinetes, enseñó a manejar la espada a decenas de los cubanos que después cargaron el machete en los campos contra la metrópoli española para lograr la independencia.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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