Cuba evoca a Céspedes en el bicentenario de su natalicio

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Foto: Argelio Pompa.

A 200 años del nacimiento de Carlos Manuel de Céspedes, Cuba recuerda hoy a uno de sus más grandes hombres, protagonista de páginas inolvidables de la historia y lucha contra el colonialismo español.

Abogado de formación, Céspedes alzó su voz por la independencia en la isla contra el régimen español al proclamar el 10 de octubre de 1868 su determinación de libertad o muerte.

En aquella heroica acción, el revolucionario nacido el 18 de abril de 1869 en la villa de San Salvador de Bayamo, en el oriente de Cuba, liberó a sus esclavos y los incitó a lucha por la soberanía de la patria.

Dotado de una inteligencia peculiar, Céspedes aprovechó sus viajes por Europa para nutrir su intelecto y conocer la realidad del mundo, y llegó a dominar idiomas como el inglés, francés e italiano.

En septiembre de 1867 comenzó a conspirar en Manzanillo contra la colonia española junto a Francisco Vicente Aguilera y Pedro Figueredo, y no pasó mucho tiempo para que fundara y presidiera la Junta Revolucionaria de ese lugar.

Céspedes fue el primer presidente de la República de Cuba en Armas en el período del 12 de abril de 1869 al 27 de octubre de 1873, luego de su establecimiento el 10 de abril de 1869 tras la Asamblea de Guáimaro.

Al asumir la presidencia, trazó estrategias para llevar la guerra a toda la isla bajo las ideas de darle un carácter nacional, invadir occidente, destruir las riquezas de España para socavar sus fuentes de sustento y sostuvo total intransigencia en cuanto a la conquista de la independencia.

Después de su destitución y tras la negativa de permitírsele salir al extranjero para visitar a su esposa e hijos, se le confinó a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra, al oriente de Cuba.

Hacia allí se dirigió el 27 de diciembre de 1873 sin ningún tipo de escolta y ocupó parte de su tiempo en escribir y a enseñar a leer a los niños.

Dos meses después, con 54 años, le hizo frente a tropas españolas que lo perseguían y cayó herido de muerte cuando una bala atravesó su cuerpo.

Se le recuerda como el Padre de la Patria porque cuando fue notificado de la detención y condena a muerte de su hijo menor, y además chantajeado para deponer las armas si quería salvar la vida de su hijo, expresó: “Oscar no es mi único hijo: yo soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución”.

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