Alumbramiento de un cambiador de destinos

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Nadie podía imaginar que aquel dichoso alumbramiento, en el centro de Bayamo, cambiaría para siempre el destino de un archipiélago de hombres.

Llovía a cántaros entonces, tal vez como preludio de que el niño Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo se convertiría, andando el tiempo, en uno de los mejores aguaceros para Cuba.

Nadie podía imaginar que aquel varón nacido el 18 de abril de 1819, estudiante de colegios religiosos, enamorado de los cuentos de hadas, saltaría de la casa señorial, de la cadena de oro y el bastón de carey al monte tupido de privaciones y de sacrificios, todo por la causa independentista.

Qué hermosa historia la del patricio criado en los lujos, capaz de abrazar ideas que estremecieron a una porción de tierra que él mismo ayudó a llamar “nación”.

Qué glorioso peregrinar del que fue rebelde desde cuna, enérgico desde los años mozos, lleno de dudas desde  los viajes de España a Constantinopla, ilustrado desde el crecimiento, valeroso en todo tiempo.

Si alguna vez hace falta nombrar a algún ser humano que lleve sobre sí la montaña de virtudes, capaz de mover a un pueblo entero, habrá que evocar a aquel cuyo liderazgo se empinó por encima de zancadillas e intrigas, de borrascas y centellas, de envidias y temores.

Si alguna vez, más allá de abril, hace falta encontrar a uno que tenga luces para eras futuras y pecados que lo hacen más terrenal y atractivo, más héroe y más gallardo, viajemos al bayamés que fue abogado de las causas superiores, jefe militar de blancos y negros hermanados, Presidente de las Armas de la verdadera libertad.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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