Joven cubano es capaz de aplastar latas de cerveza y refresco con los huesos de su espalda

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Pocas personas de las presentes el 5 de mayo en el hotel Don Florencio, de la ciudad del Yayabo, quedaron en silencio cuando Christian Manuel Castellano Rangel rompió 20 latas de cerveza Bucanero con sus escápulas en solo 59,46 segundos.

El récord impuesto por este joven le sacó los suspiros a quienes aseguraron sentir escalofríos al ver la agilidad y rapidez con que los huesos planos y triangulares ubicados en la espalda trituran el filoso material.

«Está fuera de liga», «La fuerza que tiene es abismal», «Parece de goma», fueron algunas de las expresiones que acompañaron la alegría del jovencito de 20 años cuando el cronómetro marcó el tiempo del insólito hecho.

Hasta este momento no se conoce a nadie por estos predios capaz de realizar algo así, lo que ha motivado a este espirituano a inscribirse en los Récords Guinness.

Pero la hazaña de este «hombre elástico», al estilo de Rafael Rivas, el personaje del cómic, tiene historia con raíces espontáneas.«Cuando estaba en octavo grado mis amigos me dijeron que por qué no probaba escachar las latas al ver ellos cómo sacaba mis escápulas, y lo hice. Al principio me dolía mucho porque me hacía heridas. Pero ya hoy no siento nada», dice mientras muestra las cicatrices en el medio de su espalda que no le dejan mentir.

Junto a esa hazaña, desde hace más de un año, Christian Manuel practica el contorsionismo, que es a lo que pretende dedicarse profesionalmente.

«Entreno todos los días en mi casa. Soy capaz de doblar los hombros, las rodillas, los dedos de las manos y los pies hasta posiciones que muchas personas me dicen que es casi imposible que no se partan», añade en su página personal de Facebook, donde ha publicado videos y fotos que confirman sus potencialidades.

De acuerdo con la bibliografía especializada, quienes son capaces de hacer esos movimientos presentan una hipermovilidad en las articulaciones y sus ligamentos le permiten movimientos superiores a los de otros mortales. Bailarines y atletas presentan esa particularidad, la cual no tiene, según la ciencia, una causa probada.

«Ejercito para no dañarme la espalda. Corro; hago planchas y abdominales para mantener la forma física. De niño siempre quise ser ciclista o practicar atletismo, pero nunca llegó la oportunidad», agrega quien desde el pasado 5 de mayo recopila toda la información posible sobre su constitución física y hazaña para subirlo por internet a la página de los Récords Guinness, con sede en Inglaterra, a fin de captar la atención de algún patrocinador.

Con la mirada puesta en presentarse en el apartado de aplastar con la espalda el mayor número de latas por minuto, este espirituano de 1,91 de estatura dosifica su tiempo entre el fuerte entrenamiento y sus responsabilidades en la recta final de sus estudios en la Facultad Obrera Campesina y su labor como cuentapropista en el castillo inflable del parque infantil Los caballitos, de la añeja urbe yayabera.

«En la familia no hay nadie con estas condiciones físicas. Mi mamá me apoya mucho y mis amigos también, quienes me acompañan en el entrenamiento una o dos veces a la semana de escachar latas de cerveza y refresco para no dañarme la espalda con su filoso material. Ya la gente me ve y me reconocen por la calle. Algunos me dicen el hombre elástico o, sencillamente, el «escachalatas». Nunca me molesto porque ese soy yo», concluye con la seguridad de que ha encontrado lo que quiere ser.

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