El «26» como sentido común

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Es una cualidad, un sentido que condiciona la actitud. No es fácil saber a ciencia cierta cómo, pero funciona.

Por muchos años, conocer con prudente antelación cuál será la provincia sede del Acto Central Nacional por el 26 de Julio, ha representado en el imaginario popular revolucionario uno de los más convocantes motivos para empujar con mayores bríos, en el territorio ganador, las actividades socioeconómicas urgentes y permanentes en pro del desarrollo local.

Y funciona, sin embargo, diferente a como lo hace un llamado político coyuntural, o una campaña promovida al calor de esas necesidades perentorias por conseguir vencer un cierto plan de producción, terminar tal «obra de choque» o librar el saneamiento epidemiológico emergente de una demarcación complicada.

El «26» es un pretexto distinto que resalta por un tipo de alegría colectiva capaz de desatar, arrolladoramente, un entusiasmo impresionante, de tan movilizador y proactivo.

El Día de la Rebeldía Nacional -ese que conmemora el atrevido levantamiento juvenil martiano de 1953, de muchos más principios que fusiles contra dos artillados cuarteles de la tiranía batistiana- es entre todas las fechas épicas de la Revolución cubana la que más estimula el compromiso y los ánimos de la gente para dar algo extra en el deber cotidiano del trabajo, aportar concientemente al reclamo constante de la productividad y la eficiencia, sumar ideas creadoras a la dinámica constructiva, a la visualidad urbana, practicar con espontaneidad notable esa solidaridad de unos con otros que, desde el ejercicio de la cortesía cívica hasta la prestación de un servicio con calidad, alivian tanto aquellas otras carencias materiales que unidos resistimos ya por muchos años, con tenacidad admirable.

La unidad. Esa es tal vez la clave que más hace notar su vigor cuando se le calienta con las brasas del 26 de Julio.

En el fragor de la fiesta que desata la jornada hasta la fecha conmemorativa, es visible el empuje común por avanzar a mejor ritmo en la siembra de los campos, en el aprovechamiento máximo de todas las cosechas, en la puntualidad de la inversión que se ejecuta, en la obra constructiva que se levanta o se recupera; pero también alcanza matices fuertes en las demostraciones ideológicas de barricada contra el empeño exterior de someternos.

Tal vez este 26 de Julio que sobreviene coincida con una de las más complejas circunstancias en la historia de la política exterior cubana, dada la obstinación de un gobierno norteamericano que acentúa la amenaza expresa y recrudece con singular irracionalidad el bloqueo comercial, económico y financiero a la Isla.

Dura ha sido esta primera mitad de año, a juzgar por la estrechez económica que obliga a hacer malabares tanto en el manejo de las finanzas nacionales como en el bolsillo doméstico para comer todos los días; pero aún así, a nadie en esta tierra le sorprende el hecho de que nada se ha quebrado en la decisión de resistir.

Granma ha pasado las mismas carencias que el resto del país, y sin embargo este sábado, cuando en la noche se anunció como provincia ganadora de la sede nacional por el 26 de Julio, un júbilo espontáneo de pueblo alegre se notaba en los rostros de los que enterados poco antes, acudieron a la sede del Partido provincial a celebrarse.

Arrugado en el salto descoordinado de cuatro muchachos contentos que oyeron el titular del Noticiero Nacional, el telón que sostenían solo dejaba leer «…no fallaremos…»; una señora se detuvo un momento, como interiorizando, sobre la humanidad de la pancarta que llevaba: «entendemos de amor, no de odio», y un campesino conocido, presidente de una cooperativa, se acercó a este redactor: «voy a sembrar al menos 50 hectáreas más, tengo que hacerlo».

Así funciona, sin otra explicación, como un sentido uniforme que moviliza el esfuerzo colectivo.

En el caso de Granma, la tradición de trabajo y las lecciones memorables de su historia son razones que aseguran con previsibles garantías tales posturas. Lo adelantó el anuncio del Buró Político: Granma es cuna, de las guerras de independencia, del Padre de la Patria, fue última tribuna en que Fidel habló un discurso por el 26 de Julio, y para más, es tierra de uno de esos dos asaltos que marcaron la fecha como símbolo de la Rebeldía Nacional.

La alegría es patente, el trabajo realizado la refrenda, pero es mayor todavía lo que en Granma queda por hacer. Ese es el mayor de los motivos, y el 26, el mejor de los sentidos comunes que ahora compulsan a su gente.

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