La última canción

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Foto tomada de mesaredonda.cubadebate.cu

En el mundo de hoy las nuevas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (Tics) están presentes en casi todas las esferas de la vida, por su utilidad, atractivo y por facilitar algunas actividades de la cotidianeidad, lo cual creo muy bueno y provechoso.

Sin embargo, considero que su uso se ha extendido a espacios en los que no deberían emplearse, porque está bien que las utilicemos para escuchar música en nuestros hogares, en centros recreativos y en viajes en los cuales no seamos los conductores, pero no creo que sea sensato utilizarlas cuando manejamos un auto, conducimos una bicicleta o simplemente utilizamos la vía como peatones.

Destaco estos casos porque en los últimos años han sido la causa de disímiles accidentes, los cuales siempre traen consigo daños físicos a las personas y graves afectaciones materiales.

En la actualidad es muy normal ver a personas usar reproductores de música en cualquier sitio, y aunque cada quien es libre de hacer con sus pertenencias lo que estime conveniente, hay lugares donde no se deben usar por los peligros que acarrea.

Por ello el artículo 102 del Código de Seguridad Vial refrenda que se prohíbe utilizar teléfonos u otros medios de comunicación mientras el vehículo está en marcha; usar equipos de audio a un volumen que molesten o impidan la debida concentración en la conducción; usar medios informáticos, de comunicación o audiovisuales que interfieran la debida atención a la conducción.

Nada más elocuente que esta normativa para reafirmar lo anteriormente dicho. Pero a pesar de la existencia de este precepto legal, que sé algunos desconocen, no faltan quienes lo violan o incumplen a sabiendas de sus graves consecuencias.

La cuestión no es estar en contra de las Tics sino de su empleo en lugares y momentos inadecuados, pues ello podría poner en juego nuestra vida.

Cuántas familias hoy lamentan haber perdido un ser querido por la irresponsabilidad de desatender la vía, al traer a todo volumen algún reproductor de música, el cual les ha impedido escuchar o percatarse de la cercanía de un medio de transporte.

Entre los más asiduos a estas violaciones están los jóvenes, quienes a veces parecen no tener conciencia del peligro de esta nefasta moda.

Ojalá este comentario llame a la reflexión a muchos, pero sobre todo a los violadores, quienes si persisten en este mal hábito, puede que la música que tararean descuidadamente mientras cruzan la calle, se convierta en su última canción.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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