La edad del descanso

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Foto tomada de internet

Para cuando llegue el mes de noviembre María estará en edad de jubilación y, según confiesa, desde estos instantes se dedica a tener en orden el expediente laboral para evitar “sorpresas penosas”, a la hora de iniciar los trámites, que le retrasen su propósito: el descanso.

Aunque su trabajo no le exige demasiado esfuerzo físico, es su voluntad cesar las responsabilidades allí. Al transcurrir cerca de cuatro décadas ininterrumpidas vinculada al quehacer, asegura sentirse realmente agobiada, en tanto el rigor de los años se le manifiesta en enfermedades cada vez más punzantes.

En una sociedad que envejece a pasos desmedidos y decrece la natalidad, casi al ritmo de los países desarrollados, se asume como acierto la disposición de retener en los puestos a quienes aportan más experiencias; sin embargo, en la práctica, se torna en asunto  cuestionable.

Durante los espacios creados para propiciar el análisis  entre los afiliados, como parte de los diferentes procesos recientes de la Central de Trabajadores de Cuba, recae el tópico como una de las principales inconformidades.

Tema a tomar de la mano

De acuerdo con Ariel Fonseca Quesada, secretario de la Asamblea Provincial del Poder Popular, en Granma, poco más del 19 por ciento de la población está en la categoría de adulto mayor y la tendencia en los próximos períodos es al crecimiento. Cifras millonarias se destinan a esta parte de la asistencia social, pero no cabe dudas que, si bien existe la voluntad de esa protección, las miradas deben dirigirse a sopesar causas y accionar en consecuencia.

Por su parte Marina Contrera González, directora en el oriental territorio de la filial del Instituto Nacional de Asistencia y Seguridad Social, alude que en 2018 se tramitaron como promedio mensual 450 pensiones, la mayoría de las cuales corresponden a jubilaciones. Asegura, asimismo, que las estadísticas aumentan cada año y que será a partir de 2020 que se alcancen cifras críticas, pues cesarán la vida laboral los nacidos en la década de 1960.

“Cuando llegan a nuestras filiales para iniciar el procedimiento- explica la directiva- además del cansancio de todo tipo y las patologías propias de la etapa, nos refieren, sobre todo las mujeres, estar al frente del cuidado de un familiar de edad avanzada, y no pocas veces deben renunciar al trabajo para dedicarse a esa obligación intransferible. Considero que falta aquí un estudio profundo y una estrategia bien definida para revertir esa situación.

“Ciertamente hay que balancear el empleo con las personas que acceden a la jubilación para no desproteger la producción y los servicios, pero se deben razonar los costos que tienen en la población”, concluyó.

Por: Lianet Suárez Sánchez

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