El guaniquiqui viaja al exterior desde Bueycito

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Muebles confeccionados en la fábrica de Guaniquiqui en Bueycito, Granma: Fotos Rafael Martínez Arias

Bueycito es un barrio enclavado en la parte llana del municipio de Buey Arriba, perteneciente a la provincia de Granma, en el sur oriente de Cuba.

En uno de los lados de la carretera que lo atraviesa, conducente a la cabecera municipal, se encuentra la fábrica de muebles Lidia Doce, perteneciente a la empresa Dione Artesanía-Iindustria, en el que la principal materia prima utilizada es la fibra del bejuco guaniquiquí, extraído de diferentes áreas de la parte granmense de la Sierra Maestra, el mayor macizo montañoso de la Mayor de las Antillas.

 

El trabajo es completamente manual: Foto Rafael Martínez Arias

La instalación consiste en una nave en la que fuertes y hábiles manos de 24 mujeres y 10 hombres, dividen los trozos de bejuco en tiras, convirtiéndolas luego en útiles y atractivos objetos.

Ernesto Fonseca Carrazana, administrador de la fábrica de muebles Lidia Doce, muestra los separadores hechos con fibras del bejuco guaniquiqui/ Foto: Rafael Martínez Arias

El uso más conocido del guaniquiqui es en la fabricación de muebles, pero en la Lidia Doce ahora se hacen, declara su administrador, Ernesto Fonseca Carrazana, separadores, banquetas de madera, rejas, celosías, jardineras y  mesas pequeñas, destinadas a la exportación.

Construcción de un separador / Foto: Rafael Martínez Arias

Fonseca Carrazana subraya que no es la primera vez que allí se realizan producciones para exportar, pues antes fabricaron muebles tapizados por encargo de un empresario italiano.

Los carpinteros se encargan de preparar las piezas de madera que llevan los muebles y otros objetos/ Foto: Rafael Martínez Arias

Cuando traspasó por primera vez el amplio portón del vetusto inmueble de la Lidia Doce, María Josefa García tenía 18 años de edad, y en él continúa tres décadas y media después, porque “esto me gusta”, dice con tono de justificación.

“En este local –cuenta María Josefa- antes había una escogida de tabaco, después pasó a Industrias Locales y trabajaba pintando los muebles, ahora les doy terminación. Esto me gusta”.

María Josefa García, ejemplo de permanencia en un centro de trabajo: Foto Rafael Martínez Arias

 

Mireya López, tejedora, manifiesta que la producción de objetos con guaniquiqui “lleva bastante trabajo, los bejucos hay que pelarlos, rajarlos, rebajar un poco las fibras… y las manos se dañan, pero una se acostumbra y lo hace con amor”.

Enilda López Quintana, aprendiz de tejedora de guaniquiqui /Foto: Rafael Martínez

Durante bastante tiempo, Enilda López Quintana ocupó la plaza de auxiliar de limpieza en la fábrica Lidia Doce y “quería aprender a tejer guaniquiqui, pero no me decidí hasta hace poco; esta es una labor exigente, pero me gusta”, manifiesta satisfecha.

Fotos Rafael Martínez

 

En fechas próximas, serán llenados contenedores con artículos confeccionados en Bueycito por laboriosas manos, cuyo comprador los situará en playas para que los bañistas los utilicen para sentarse, colocar vasos, echar desechos…

Será un largo y beneficioso viaje, de un útil bejuco procedente de la Sierra Maestra.

Orlando Fombellida Claro

Orlando Fombellida Claro. Licenciado en periodismo en Centro Universitario de Holguín. Trabajó en el Semanario Antorcha, de Banes, y el periódico Ahora, de Holguín, se desempeñó como corresponsal del periódico Granma, en la provincia de igual nombre. Es redactor-reportero del periódico La Demajagua. Colabora habitualmente con CNC Digital y Cubaperiodista

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