Preguntas y respuestas sobre la vida de Celia Sánchez

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Las nuevas generaciones no la conocieron, pero han oído hablar hermosamente de su carisma, sencillez, bondad y otras innumerables virtudes. Es que, en cualquier recuento histórico sobre los últimos 70 años de Cuba, Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley no puede faltar.

Muchas veces se han mencionado sus facetas de guerrillera, luchadora clandestina, organizadora de la red de apoyo a los expedicionarios del Granma, diputada e integrante del Consejo de Estado.

Pero hay otras aristas de su existencia que nos seducen con igual fuerza, como su tendencia a la broma y a las ocurrencias.

Este 11 de enero, a 40 años de su partida física, valdría la pena evocar, con preguntas y respuestas, algunos de esos lados que la hicieron más humana y terrenal. La principal fuente de las respuestas es una entrevista realizada por este redactor a Maritza Acuña, quien durante muchos años fue directora del museo Casa Natal de Celia, en Media Luna.

¿Dejó alguna obra escrita?

Hasta el momento no se ha develado ningún texto de ella. Le resultaba difícil escribir porque no le gustaba y disponía de poco tiempo.

¿Cómo era su voz?

Poseía una voz fuerte, pero no carente de cierto acento de dulzura, una voz que sabía usar de acuerdo con las circunstancias; era célebre entre compañeros su acento, propio del campo, que jamás cambió.

¿A qué le temía?

-Era una persona con una valentía extraordinaria, que no miraba el peligro para realizar sus acciones revolucionarias. Su único gran temor eran los ratones.

¿Ella se consideraba de Media Luna, de Pilón o de Manzanillo?

Media Luna fue su pueblo natal, donde vivió toda su niñez y parte de su juventud, una etapa muy feliz de su vida. Manzanillo la acogió durante su juventud, ella confesó que fue muy linda esa época y guardaba recuerdos bonitos, en varias ocasiones dijo que constituyeron los años más felices de su vida. Manzanillo resultó también el escenario de su lucha clandestina y la ciudad que supo retribuir su heroísmo. Pilón fue algo especial, a ese lugar lo amó entrañablemente y nunca pudo desligarse de él. También la marcó para toda la vida. Pero, ante todo, era cubana.

¿De dónde le venía el hábito de fumar? ¿No tenía otros vicios?

Su vicio fundamental era el cigarro. Fumó desde muy joven porque heredó eso de su padre, fumaba constantemente, se alimentaba poco y tomaba mucho café.

¿Cuántos objetos se conservan de ella?

Muchos, tanto en su casa del Vedado, en la Oficina de Asuntos Históricos y la Casa Natal, que atesora 231 objetos, incluyendo la carabina M-1 que la acompañó durante su estancia en la Sierra Maestra.

¿Cuántas veces, después del triunfo, retornó a Media Luna y qué hizo?

Estuvo pocas veces; en dos ocasiones visitó la casa, recorrió el patio y recordó pasajes de su niñez, también conversó con los vecinos del barrio preocupándose por su familia, su salud y otros problemas.

¿De dónde le nació el patriotismo tan grande?

Su padre, Manuel Sánchez Silveira, fue su gran conductor y también la abuela materna, Irene, quien vivió de cerca la quema de Bayamo. Manuel es una de las personalidades de nuestra historia, que además de ser dentista y médico, era espeleólogo, arqueólogo, intelectual y político.

Tuvo el honor de localizar el sitio exacto donde cayó el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Además guió la expedición que realizaron alumnos habaneros en mayo de 1953 para colocar en el Pico Turquino un busto de José Martí.

El Apóstol y el Iniciador no faltaban en las conversaciones con sus hijos, y eso influyó mucho en Celia.

¿Qué la deleitaba?

Fue una mujer muy laboriosa, con destreza para las artes manuales, y exquisita en el arte culinario. Esas cosas las disfrutaba; desde muy joven estuvo en contacto directo con la naturaleza, amó profundamente el mar y la montaña.

¿Cuando supo que estaba enferma, cuál fue su reacción?

Al saber de su enfermedad se sometió al tratamiento que incluyó la intervención quirúrgica, pero no al reposo y a la vida limitada que debe llevar un paciente con neoplasia pulmonar; por el contrario: se entregó en cuerpo y alma, como siempre lo hizo, al trabajo.

¿Siguió superándose después del triunfo de la Revolución?

Ya casi en los últimos años de su vida, matriculó la carrera de Ciencias Sociales en la Escuela Superior del Partido Ñico López, la cual no pudo terminar porque la enfermedad y la muerte se lo imposibilitaron, por lo que la dirección de la escuela decidió otorgarle el título de graduada con carácter póstumo. Este documento se encuentra expuesto en una de las salas del museo Casa Natal.

¿Sabía Celia ya que había entrado en la historia de Cuba?

A ello no le interesaba eso, ni tenía conciencia para detenerse a pensar en eso, su sencillez y modestia se lo impidieron.

¿Por qué muchos, aún hoy, al hablar sobre ella lloran?

Por el significado que ella tuvo para el pueblo: su hija más querida y su principal esencia.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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