Martí: la historia vigente de muchos nombres

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José Julián Martí Pérez  nació el 28 de enero de 1853 en La Habana, hijo de españoles, cubano por derecho y sentir. Actualmente se le reconoce como poeta, escritor, ensayista, periodista, y político, nuestro Martí incursionó en muchas profesiones, su amplio intelecto le permitió marcar al tiempo y a quienes lo conocieron.

Más que revolucionario, abnegado y solidario, era auténtico. No nació para empuñar un machete sin embargo murió en combate, supo alumbrar el camino con ideas precisas, para planear las rutas de una guerra necesaria y triunfante. La del 95, ganada por los mambises y frustrada por los americanos, esa de la cual no llegó a ver ni en un tercio de su avance.

Martí no fue ajeno al sentir humano, ese sentir lo hizo ser, actuar y pensar como hijo, hermano mayor, amigo, estudiante, hombre, padre y patriota.

Al referirse al apóstol Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de la Habana expresó: “Fue de carne y hueso, nada le ocurrió que no pudiera haberle sucedido a cualquier ser humano. Fue un hombre capaz de la pasión, enamorado de la mujer. Sus versos de amor han dejado una memoria profundamente electrizante. Murió a los 42 años, le faltó tiempo para amar y para vivir”.

Conoció de los horrores de la esclavitud siendo un niño, y la cárcel con solo 17 años de edad. Luego lo exiliaron de la isla y aprendió a sobrevivir lejos de los suyos y a vestir el color negro por su tierra subyugada, así fundó el Partido Revolucionario Cubano y planeó la llamada Guerra Necesaria.

Aunque, a decir verdad, el exilio no fue del todo tortuoso, allí conoció a Carmen Zayas Bazán, su esposa y madre de su único hijo, José Francisco.

La prosa y la poesía de José Julián están profundamente cargadas de valores patrióticos y de una semiótica singular, desde los Versos Sencillos, Libres, La Edad de Oro, Ismaelillo hasta los ensayos políticos, revelan por completo el ideario martiano.

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Caída de una gran mente

Imagen/ Tomada del periódico Vanguardia

“Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y a mi pueblo a las espaldas”, había escrito Martí tres meses antes de su muerte, en una carta a María Mantilla.

La columna española que combatió en Dos Ríos estaba integrada por 800 soldados con el coronel Ximénez de Sandoval al frente. La salida desde Palma Soriano de estos hombres para abastecer el fortín cambió el rumbo absoluto de la historia, debido a que se les confirmó la cercanía de las tropas mambisas, en Dos Ríos y bajo el mando de Martí y Gómez.

En el crudo del combate entre ambas tropas Gómez le ordena a Martí que se retire, protegiendo así a la cabeza pensante de la guerra, sin embargo, Martí puso en práctica lo que había dicho tan tas veces, “Un pueblo se deja servir, sin cierto desdén y despego, de quien predicó la necesidad de morir y no empezó por poner en riesgo su vida”.

Recibió tres disparos en diferentes direcciones, por el frente, derecha e izquierda. Es una incógnita, si el disparo que recibió de frente lo impactó aun sobre su caballo o si fue el guía cubano de la columna española, quien lo remató cuando se encontraba agonizante en tierra.

Tendríamos que devolver al tiempo a ese 19 de mayo de 1895, ver un combate de fuerzas rugientes y dejar nuestro pecho desnudo con un arma en la mano y observar así una caída, la caída de muchas ideas que aún conservan su vigencia.

Interrumpido el descanso

Yo quiero cuando me muera sin Patria pero sin amo tener en mi tumba un ramo de flores y una bandera.

En varias ocasiones desconocemos que el cuerpo de nuestro Apóstol Nacional tuvo más de un entierro, porque morir no siempre es sinónimo de descanso.

Yo creía conocer la “Ruta funeraria” del llamado más universal de los cubanos, José Martí (…), el 17 de febrero de 2018 tuve que aceptar que era un analfabeto en algo tan esencial para la Cuba profunda (…) Los barrios rurales, por donde transitó el cadáver en esa travesía, son ignorados (…), así relata el periodista y escritor cubano Arnoldo Fernández Verdecia  en su crónica, La verdadera “Ruta Funeraria” de Martí Apóstol.

Un día después de la caída en combate de José Martí en Dos Ríos, dígase el 20 de mayo de 1895, su cadáver recibe la primera sepultura en el cementerio de Remanganagua cuando era trasladado hacia Santiago de Cuba por las tropas españolas.

Este asentamiento rural está ubicado a cuatro kilómetros de la carretera central que une a Santiago de Cuba con Contramaestre y es el escogido para rendir tributo al Héroe Nacional en cada fecha histórica.

El segundo entierro tuvo lugar tres días después, pues ante las dudas surgidas por la muerte de Martí, el gobierno quiso hacer una plena confirmación y el 23 de mayo de 1895 el cadáver es desenterrado y se le realiza la autopsia.

Fue enviado a Santiago de Cuba, donde llegó el 27 de mayo de 1895. Sus restos fueron enterrados en el cementerio Santa Ifigenia, pero el mismo no cumplía las condiciones dignas para tan célebre figura.

El tercer entierro fue en Templete, Santiago de Cuba, motivado por una disposición sanitaria del gobierno interventor norteamericano, que ordenó la demolición de los antiguos nichos del cementerio.

En busca de una tumba para el Apóstol se constituyó una comisión integrada por diferentes personalidades. Figuraban entre otros Francisco Pérez Carbo, Emilio Bacardí, José Bofill Cayol y el general Rafael Portuondo Tamayo.

El nuevo sepulcro se inauguró el 24 de febrero de 1907, se dice que fue su primer verdadero entierro, porque contó con la presencia de su hijo José Francisco, y alrededor de la tumba se depositaron lápidas con pensamientos martianos.

En 1946 se convocó a un Concurso Nacional para construirle una tumba digna al Apóstol, el proceso de construcción de la tumba planteó la necesidad de hacer el traslado de los restos de Martí al Retablo de los Héroes en el mismo cementerio, este acto se realizó el 8 de septiembre de 1947.

El 29 de junio de 1951 se procedió a colocar los restos en una nueva caja metálica y se trasladó al Gobierno Provincial de Santiago de Cuba, para rendirle el máximo tributo a Martí.

De los 18 proyectos presentados en 1946, se selecciona finalmente la obra del arquitecto Joaquín Benavent y el escultor Mario Santi. El financiamiento contó con una colecta pública de veinte centavos por cada cubano.

Luego del esfuerzo de tantos ciudadanos de la isla, y en particular del pueblo de Santiago de Cuba, los restos de José Martí encontraron su definitiva morada el 30 de junio de 1951, en el mausoleo martiano del cementerio de Santa Ifigenia.

Martí, nuestro ayer, hoy y la vigencia para el futuro

A pesar del recorrido propio de los años, las diferentes ideologías y los gobiernos, Martí continúa siendo “el más universal de los cubanos”, sus ideas no han cambiado. El respeto que cada cubano debe sentir por él, no tiene precio alguno. Las ideas no se matan, no se manchan, se conservan para siempre. #ConMartíNoTeMetas

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